Y fue tu voz la voz del camarada,
,libélula de luz y luz de aurora,
palmera de Orihuela abanderada
enhiesta, libertaria y redentora.
Necesario el deber de los malditos
Miguel, ,-esposo en soledad,- callado,
para cegar la herida del costado
con tus ojos abiertos y marchitos.
Hubo que hacerlo, y levantar los codos
gritando libertad, victoria o muerte,
y recordar Miguel penuria en todos
viento de un pueblo que luchó sin suerte.
Por eso no quisiera más el luto
que la sangre del mar vistió de noche,
y si la mano tira fruto a fruto
se queda en la corteza del reproche.
Para que el hombre busque en su memoria
,si el río del vivir se va de España,
queda el verso hortelano de la historia
afilando en la troje su guadaña.
Para que el hombre sepa que está vivo
y asiente la semilla del barbecho
quedará colectiva y al acecho
la voz de algún poeta fugitivo.
Y queda en el pesar, y se derraman
tus ojos cenicientos,- como un prado,-
donde los muertos de la guerra llaman
a las puertas de un sol que está enterrado.
Y puesto en pie, Miguel, la cuna meces
con tus manos de nanas cada día,
como el hombre que fuiste y que floreces
alumbrando en la huerta poesía.
José Soriano Simón
Abril 2026
,libélula de luz y luz de aurora,
palmera de Orihuela abanderada
enhiesta, libertaria y redentora.
Necesario el deber de los malditos
Miguel, ,-esposo en soledad,- callado,
para cegar la herida del costado
con tus ojos abiertos y marchitos.
Hubo que hacerlo, y levantar los codos
gritando libertad, victoria o muerte,
y recordar Miguel penuria en todos
viento de un pueblo que luchó sin suerte.
Por eso no quisiera más el luto
que la sangre del mar vistió de noche,
y si la mano tira fruto a fruto
se queda en la corteza del reproche.
Para que el hombre busque en su memoria
,si el río del vivir se va de España,
queda el verso hortelano de la historia
afilando en la troje su guadaña.
Para que el hombre sepa que está vivo
y asiente la semilla del barbecho
quedará colectiva y al acecho
la voz de algún poeta fugitivo.
Y queda en el pesar, y se derraman
tus ojos cenicientos,- como un prado,-
donde los muertos de la guerra llaman
a las puertas de un sol que está enterrado.
Y puesto en pie, Miguel, la cuna meces
con tus manos de nanas cada día,
como el hombre que fuiste y que floreces
alumbrando en la huerta poesía.
José Soriano Simón
Abril 2026