Évano
Libre, sin dioses.
No tuvo la culpa el coche amarillo,
quizá demasiada gente para el pobre cacharro.
Quizá haber ido de Barcelona a Cuenca
por Teruel habiendo autovía,
mejores carreteras
y no andar como cabras por montes.
Quizá demasiados bares en el camino,
o tantísimos kilómetros dando brincos.
Quizá salir de Barcelona ya borrachos,
o haber acampado bajo el puente
de las Casas Colgantes, al ladito del río
de veredas de barro y matorrales.
Quizá la helada de febrero,
o las manos congeladas para montar,
bebidos, la tienda de campaña
-¿de quién era. Mejor no preguntar-.
Quizá la Guardia Civil riendo mientras
nos echaba de un lugar tan estrambótico,
haciéndonos perder más tiempo.
Quizá por andar buscando
la Procesión de los Borrachos
y no mirar a tanta gente
que nos seguía.
Quizá por andar con tienda al hombro
entre adoquines, callejuelas y bares.
Quizá porque ya se había acabado,
o por preguntar a gente tirada en aceras,
o no haber hecho caso a ese que nos dijo
"Pero dónde vais que ya s’acabó
y pásame el JB que tengo frío".
Quizá por andar el chófer como cuba,
o no haber preguntado
quinientos kilómetros antes.
Quizá por no decir ninguno de los cinco
por dónde coño vamos por estas carreteras
de tierra, curvas y pedruscos.
Quizá los pueblerinos por mandarnos
'To recto hasta Cuenca".
O por haber acabado con las cuatro cajas
de cerveza del único bar de ese pueblo
de vaya a saber uno dónde estaba.
Tantos quizás fueron la causa
de no haber visto la Procesión.
Pero si lo pienso ahora,
borrachos ya íbamos, y procesión,
desde luego, sobraos.
Gracias por leer
y por pensar.
17/4/26.
quizá demasiada gente para el pobre cacharro.
Quizá haber ido de Barcelona a Cuenca
por Teruel habiendo autovía,
mejores carreteras
y no andar como cabras por montes.
Quizá demasiados bares en el camino,
o tantísimos kilómetros dando brincos.
Quizá salir de Barcelona ya borrachos,
o haber acampado bajo el puente
de las Casas Colgantes, al ladito del río
de veredas de barro y matorrales.
Quizá la helada de febrero,
o las manos congeladas para montar,
bebidos, la tienda de campaña
-¿de quién era. Mejor no preguntar-.
Quizá la Guardia Civil riendo mientras
nos echaba de un lugar tan estrambótico,
haciéndonos perder más tiempo.
Quizá por andar buscando
la Procesión de los Borrachos
y no mirar a tanta gente
que nos seguía.
Quizá por andar con tienda al hombro
entre adoquines, callejuelas y bares.
Quizá porque ya se había acabado,
o por preguntar a gente tirada en aceras,
o no haber hecho caso a ese que nos dijo
"Pero dónde vais que ya s’acabó
y pásame el JB que tengo frío".
Quizá por andar el chófer como cuba,
o no haber preguntado
quinientos kilómetros antes.
Quizá por no decir ninguno de los cinco
por dónde coño vamos por estas carreteras
de tierra, curvas y pedruscos.
Quizá los pueblerinos por mandarnos
'To recto hasta Cuenca".
O por haber acabado con las cuatro cajas
de cerveza del único bar de ese pueblo
de vaya a saber uno dónde estaba.
Tantos quizás fueron la causa
de no haber visto la Procesión.
Pero si lo pienso ahora,
borrachos ya íbamos, y procesión,
desde luego, sobraos.
Gracias por leer
y por pensar.
17/4/26.
Última edición:
