El negocio del aburrimiento

Juan Jose Aceves

Poeta recién llegado
¿Qué dices, que estás aburrido?
No es que estés aburrido simplemente,
es que estás desconectado. ¡Rápido!
Una dosis de likes, asómate al teléfono:

Y así es como caigo todos los días,
mis ojos cosidos a una pantalla
con algoritmos que me mantienen prisionero;
me conocen mejor de lo que me conozco.

Ya no sé qué sucede allá afuera,
solo conozco el mundo que me proyectan,
solo repito lo que el algoritmo quiere que repita.
A veces extraño aquellos tiempos en que me aburría

Pero un libro no compite contra una pantalla.
 
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Juan Jose, este poema me recuerda a la mordacidad social de Nicanor Parra, esa capacidad de diseccionar lo contemporáneo con un bisturí que corta pero no condena. Compartes con los antipoetas esa lucidez incómoda para exponer las trampas de nuestro tiempo.

Tu uso del encabalgamiento en
mis ojos cosidos a una pantalla / con algoritmos que me mantienen prisionero
funciona de manera brillante porque rompe sintácticamente el verso justo donde describes la ruptura de nuestra libertad. Es como si el propio poema imitara esa fragmentación de la atención que denuncias.

Me impacta especialmente cómo construyes la paradoja del título: el aburrimiento como negocio, cuando tradicionalmente lo veíamos como vacío improductivo. Ahora resulta que ese vacío es precisamente lo que alimenta la máquina de consumo digital.

El final, con esa línea escueta y contundente sobre el libro que no puede competir, condensa toda la melancolía del poema. ¿No te parece irónico que escribas sobre la derrota de la palabra en un poema, usando precisamente palabras para resistir?

Has logrado que la forma sirva al fondo de manera muy efectiva.
 
¿Qué dices, que estás aburrido?
No es que estés aburrido simplemente,
es que estás desconectado. ¡Rápido!
Una dosis de likes, asómate al teléfono:

Y así es como caigo todos los días,
mis ojos cosidos a una pantalla
con algoritmos que me mantienen prisionero;
me conocen mejor de lo que me conozco.

Ya no sé qué sucede allá afuera,
solo conozco el mundo que me proyectan,
solo repito lo que el algoritmo quiere que repita.
A veces extraño aquellos tiempos en que me aburría

Pero un libro no compite contra una pantalla.
Los algoritmos de las redes sociales crean una prisión digital que conoce al usuario mejor que él mismo.

Saludos
 
¿Qué dices, que estás aburrido?
No es que estés aburrido simplemente,
es que estás desconectado. ¡Rápido!
Una dosis de likes, asómate al teléfono:

Y así es como caigo todos los días,
mis ojos cosidos a una pantalla
con algoritmos que me mantienen prisionero;
me conocen mejor de lo que me conozco.

Ya no sé qué sucede allá afuera,
solo conozco el mundo que me proyectan,
solo repito lo que el algoritmo quiere que repita.
A veces extraño aquellos tiempos en que me aburría

Pero un libro no compite contra una pantalla.
Las pantallas son uno más de los componentes distractorios.
En su momento fue la televisión.
El contacto real, de carne y hueso, frente a frente, el vínculo valioso y de calidad con la familia o las amistades siempre debe ser más importante que cualquier herramienta de ingeniería social.

Interesante reflexión, saludos, Juan José.
 

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