Adalberto Martin USA
Poeta recién llegado
El mérito del silencio
Callado mejor se goza
el éxito conseguido,
pues quien hace mucho ruido
todo lo opaca y destroza.
La lengua que se alboroza
rompe el fruto del empeño,
y lo que fue limpio sueño
se mancha con la alabanza,
destruyendo la bonanza
que trajera el desempeño.
La envidia siempre al acecho
muerde el laurel del que calla,
y al ver virtud que no falla
la disfraza de despecho.
No hay triunfo más satisfecho
que el que en silencio germina,
pues la virtud que camina
sin pregón ni vanagloria,
es la que escribe la historia
con tinta de disciplina.
La virtud es ser discreto
y no ostentar su grandeza,
que en la sombra la nobleza
guarda su mejor secreto.
El ruido alza falso reto
que al fin se vuelve mentira;
mas quien con paciencia mira
y actúa con compostura,
merece la dicha pura
que en su silencio respira.
El silencio es la medida
para hacer todas las cosas,
pues las voces presuntuosas
desordenan la partida.
La verdad, cuando es oída
vale más si no se impone;
y el juicio que no razone
con mesura y con templanza,
pierde toda su pujanza
aunque el mundo lo corone.
¿De qué sirve presumir
por querer gritarlo todo,
si el mérito, por su modo,
no deja de relucir?
Es más sabio el resistir
la prisa de la apariencia,
pues la más alta excelencia
no precisa de alardeo:
quien más grita su trofeo,
menos luce en su presencia.
Y así en silencio profundo
se celebra felizmente,
pues lo que brilla en la mente
no necesita del mundo.
El aplauso más fecundo
es el que no se mendiga,
y la virtud que se abriga
sin mostrarse en apariencia,
vence con su pura esencia
donde la quietud se amiga.
Adalberto Martín
Callado mejor se goza
el éxito conseguido,
pues quien hace mucho ruido
todo lo opaca y destroza.
La lengua que se alboroza
rompe el fruto del empeño,
y lo que fue limpio sueño
se mancha con la alabanza,
destruyendo la bonanza
que trajera el desempeño.
La envidia siempre al acecho
muerde el laurel del que calla,
y al ver virtud que no falla
la disfraza de despecho.
No hay triunfo más satisfecho
que el que en silencio germina,
pues la virtud que camina
sin pregón ni vanagloria,
es la que escribe la historia
con tinta de disciplina.
La virtud es ser discreto
y no ostentar su grandeza,
que en la sombra la nobleza
guarda su mejor secreto.
El ruido alza falso reto
que al fin se vuelve mentira;
mas quien con paciencia mira
y actúa con compostura,
merece la dicha pura
que en su silencio respira.
El silencio es la medida
para hacer todas las cosas,
pues las voces presuntuosas
desordenan la partida.
La verdad, cuando es oída
vale más si no se impone;
y el juicio que no razone
con mesura y con templanza,
pierde toda su pujanza
aunque el mundo lo corone.
¿De qué sirve presumir
por querer gritarlo todo,
si el mérito, por su modo,
no deja de relucir?
Es más sabio el resistir
la prisa de la apariencia,
pues la más alta excelencia
no precisa de alardeo:
quien más grita su trofeo,
menos luce en su presencia.
Y así en silencio profundo
se celebra felizmente,
pues lo que brilla en la mente
no necesita del mundo.
El aplauso más fecundo
es el que no se mendiga,
y la virtud que se abriga
sin mostrarse en apariencia,
vence con su pura esencia
donde la quietud se amiga.
Adalberto Martín