Pequeña y blanca

Cecilya

Cecy
Existió una vez un árbol

enamorado de una nube

luminosa, etérea, inalcanzable

un momento de magia

profunda fantasía.


Imaginaba las caricias de sus ramas en flor

que aromaban primaveras

deslizándose tibias

por un contorno grácil de algodón.


Tan pura, tan lejana, prístina

la observaba silencioso

en su paseo por el cielo

adornada con los trazos perfectos

del vuelo de las aves.

Y conmovido le pedía prestada

su canción al viento

y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.


Estaba allí, subyugado

aferrado a la vida

con sus raíces guardadas

en el seno de su madre

la tierra generosa

que lo había visto crecer desde semilla.


Pero sus brazos amplios

ansiaban elevarse para amarla

su corazón, noble madera

cobijaba el anhelo de llegar al paraíso

de alcanzar el instante, la utopía, el sueño

esa dulce mentira santa

para besar a su nube

su imposible

su adorada...

pequeña y blanca.

.......................





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Última edición:
Qué lindo escribís!
Uno se queda flotando y más lindo es que traigas reliquias que te sirven para reencontrarte con la que siempre vive en vos y que no es "de la anterior etapa" porque dejame decirte my dearcita que esha nuncamente se fue. No se fue na-da y espero que se quede siempre.
Y por mi parte voy a estar cada vez que estés.
Me repito pero no importa.
Abrazote quiebracostillas.
 
Existió una vez un árbol

enamorado de una nube

luminosa, etérea, inalcanzable

un momento de magia

profunda fantasía.


Imaginaba las caricias de sus ramas en flor

que aromaban primaveras

deslizándose tibias

por un contorno grácil de algodón.


Tan pura, tan lejana, prístina

la observaba silencioso

en su paseo por el cielo

adornada con los trazos perfectos

del vuelo de las aves.

Y conmovido le pedía prestada

su canción al viento

y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.


Estaba allí, subyugado

aferrado a su vida

con sus raíces guardadas

en el seno de su madre

la tierra generosa

que lo había visto crecer desde semilla.


Pero sus brazos amplios

ansiaban elevarse para amarla

su corazón, noble madera

cobijaba el anhelo de llegar al paraíso

de alcanzar el instante, la utopía, el sueño

esa dulce mentira santa

para besar a su nube

su imposible

su adorada...

pequeña y blanca.

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Ver el archivos adjunto 66083
Son las nubes mimosas, suaves, como peluches de algodón. Y también altivas, volanderas, de blanco vestido y cálido corazón ; no en vano se encuentran cercanas al sol. Recogen en las noches polvo de estrellas que mezclan en ocasiones con los rayos que filtran, regalos del sol. En su pasar se mueven en brazos del viento y se acunan en el cielo cuando el día está calmo. Miran hacia el suelo como si se les hubiesen caído amores y los buscan con afán, mas poco de lo que allí hay llama o requiere su atención. Hay quien las acusa de soberbias, aunque al instante quede preso de su encanto. Pero yo sé de una que quedó prendada de un almendro florecido. Luciendo su blanco, como un novio que aguarda la venida de su amada. Cobijó al almendro bajo su sombra, evitando que le dañase el calor del regio astro. Y cuando su amor llegó al culmen, se deshizo en lluvia que lavó las flores y las hojas del árbol y terminó empapando sus raíces...
No recordaba esta faceta tuya soñadora, contadora de fábulas que atrapan al lector, hechizo de antigua Hechicera de Palabras y me ha gustado lo que descubrí, como un tesoro escondido que alegra a quien lo halla. Tus registros amplios tienen todavía facetas desconocidas. Espero que poco a poco las vayas desvelando. Un gran abrazo, con toda mi admiración.
 
Existió una vez un árbol

enamorado de una nube

luminosa, etérea, inalcanzable

un momento de magia

profunda fantasía.


Imaginaba las caricias de sus ramas en flor

que aromaban primaveras

deslizándose tibias

por un contorno grácil de algodón.


Tan pura, tan lejana, prístina

la observaba silencioso

en su paseo por el cielo

adornada con los trazos perfectos

del vuelo de las aves.

Y conmovido le pedía prestada

su canción al viento

y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.


Estaba allí, subyugado

aferrado a la vida

con sus raíces guardadas

en el seno de su madre

la tierra generosa

que lo había visto crecer desde semilla.


Pero sus brazos amplios

ansiaban elevarse para amarla

su corazón, noble madera

cobijaba el anhelo de llegar al paraíso

de alcanzar el instante, la utopía, el sueño

esa dulce mentira santa

para besar a su nube

su imposible

su adorada...

pequeña y blanca.

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Un árbol, profundamente enamorado de una nube inalcanzable, sueña con alcanzarla, cantándole melodías al viento mientras permanece anclado a la tierra, aferrado a su vida y a su imposible amor.
Muy bonito y esperanzador.
Siempre es un honor visitarla.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Qué lindo escribís!
Uno se queda flotando y más lindo es que traigas reliquias que te sirven para reencontrarte con la que siempre vive en vos y que no es "de la anterior etapa" porque dejame decirte my dearcita que esha nuncamente se fue. No se fue na-da y espero que se quede siempre.
Y por mi parte voy a estar cada vez que estés.
Me repito pero no importa.
Abrazote quiebracostillas.
Gracias hermano por pensar de manera tan luminosa.
Sos un ser maravilloso, habría que replicarte y el mundo sería un paraíso.
Abrazo con todo el cariño que imagines.
 
Son las nubes mimosas, suaves, como peluches de algodón. Y también altivas, volanderas, de blanco vestido y cálido corazón ; no en vano se encuentran cercanas al sol. Recogen en las noches polvo de estrellas que mezclan en ocasiones con los rayos que filtran, regalos del sol. En su pasar se mueven en brazos del viento y se acunan en el cielo cuando el día está calmo. Miran hacia el suelo como si se les hubiesen caído amores y los buscan con afán, mas poco de lo que allí hay llama o requiere su atención. Hay quien las acusa de soberbias, aunque al instante quede preso de su encanto. Pero yo sé de una que quedó prendada de un almendro florecido. Luciendo su blanco, como un novio que aguarda la venida de su amada. Cobijó al almendro bajo su sombra, evitando que le dañase el calor del regio astro. Y cuando su amor llegó al culmen, se deshizo en lluvia que lavó las flores y las hojas del árbol y terminó empapando sus raíces...
No recordaba esta faceta tuya soñadora, contadora de fábulas que atrapan al lector, hechizo de antigua Hechicera de Palabras y me ha gustado lo que descubrí, como un tesoro escondido que alegra a quien lo halla. Tus registros amplios tienen todavía facetas desconocidas. Espero que poco a poco las vayas desvelando. Un gran abrazo, con toda mi admiración.
Es una suerte que hayamos hecho tantos duetos no oficiales, amigo.
Que tus palabras siempre hayan enriquecido las mías y en este caso surja otra historia de la historia pero con la esencia original.
Siempre tengo tiempo para mirar el cielo y los árboles y esta antigua página seguramente debe haber surgido así. Hace tantos años que la tengo que no recuerdo las circunstancias exactas que la inspiraron, pero como te decía hoy, les tengo cariño a ciertas memorias.
Gracias por tu presencia que de verdad es fundamental para mí.
Un gran abrazo.
 
Existió una vez un árbol

enamorado de una nube

luminosa, etérea, inalcanzable

un momento de magia

profunda fantasía.


Imaginaba las caricias de sus ramas en flor

que aromaban primaveras

deslizándose tibias

por un contorno grácil de algodón.


Tan pura, tan lejana, prístina

la observaba silencioso

en su paseo por el cielo

adornada con los trazos perfectos

del vuelo de las aves.

Y conmovido le pedía prestada

su canción al viento

y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.


Estaba allí, subyugado

aferrado a la vida

con sus raíces guardadas

en el seno de su madre

la tierra generosa

que lo había visto crecer desde semilla.


Pero sus brazos amplios

ansiaban elevarse para amarla

su corazón, noble madera

cobijaba el anhelo de llegar al paraíso

de alcanzar el instante, la utopía, el sueño

esa dulce mentira santa

para besar a su nube

su imposible

su adorada...

pequeña y blanca.

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Los deseos a veces están en el cielo, pero nos alientan a mantenernos vivos. Bellas imágenes en tu prístino poema. Un placer leerte.
 
Existió una vez un árbol

enamorado de una nube

luminosa, etérea, inalcanzable

un momento de magia

profunda fantasía.


Imaginaba las caricias de sus ramas en flor

que aromaban primaveras

deslizándose tibias

por un contorno grácil de algodón.


Tan pura, tan lejana, prístina

la observaba silencioso

en su paseo por el cielo

adornada con los trazos perfectos

del vuelo de las aves.

Y conmovido le pedía prestada

su canción al viento

y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.


Estaba allí, subyugado

aferrado a la vida

con sus raíces guardadas

en el seno de su madre

la tierra generosa

que lo había visto crecer desde semilla.


Pero sus brazos amplios

ansiaban elevarse para amarla

su corazón, noble madera

cobijaba el anhelo de llegar al paraíso

de alcanzar el instante, la utopía, el sueño

esa dulce mentira santa

para besar a su nube

su imposible

su adorada...

pequeña y blanca.

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Hola, Cecilya. Una historia fantástica que nos permite permanecer sin rendirnos ante cualquier circunstancia de la vida. Un placer haberte leído.
Un abrazo.
 

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