Cecilya
Cecy
Existió una vez un árbol
enamorado de una nube
luminosa, etérea, inalcanzable
un momento de magia
profunda fantasía.
Imaginaba las caricias de sus ramas en flor
que aromaban primaveras
deslizándose tibias
por un contorno grácil de algodón.
Tan pura, tan lejana, prístina
la observaba silencioso
en su paseo por el cielo
adornada con los trazos perfectos
del vuelo de las aves.
Y conmovido le pedía prestada
su canción al viento
y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.
Estaba allí, subyugado
aferrado a la vida
con sus raíces guardadas
en el seno de su madre
la tierra generosa
que lo había visto crecer desde semilla.
Pero sus brazos amplios
ansiaban elevarse para amarla
su corazón, noble madera
cobijaba el anhelo de llegar al paraíso
de alcanzar el instante, la utopía, el sueño
esa dulce mentira santa
para besar a su nube
su imposible
su adorada...
pequeña y blanca.
.......................
enamorado de una nube
luminosa, etérea, inalcanzable
un momento de magia
profunda fantasía.
Imaginaba las caricias de sus ramas en flor
que aromaban primaveras
deslizándose tibias
por un contorno grácil de algodón.
Tan pura, tan lejana, prístina
la observaba silencioso
en su paseo por el cielo
adornada con los trazos perfectos
del vuelo de las aves.
Y conmovido le pedía prestada
su canción al viento
y con susurros de hojas tiernas, le cantaba.
Estaba allí, subyugado
aferrado a la vida
con sus raíces guardadas
en el seno de su madre
la tierra generosa
que lo había visto crecer desde semilla.
Pero sus brazos amplios
ansiaban elevarse para amarla
su corazón, noble madera
cobijaba el anhelo de llegar al paraíso
de alcanzar el instante, la utopía, el sueño
esa dulce mentira santa
para besar a su nube
su imposible
su adorada...
pequeña y blanca.
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