Huésped Oscuro

SEB-SEB

Poeta recién llegado
Una serpiente corre por mis venas;
desde mi cuello se queda
y, desde allí, me bloquea.
Me ahoga su veneno,
carcomido desde adentro
contamina cada lienzo.

Expulso grandes amarguras
y su ardor me avergüenza.
Asqueado por mi aliento,
me desgarro del cuerpo.
El silencio son tormentas
y gritar me libera.

Con las piernas hinchadas,
tropiezo con cada piedra
y maldigo a mi huésped.
Pero no se inmuta: disfruta,
se ríe ante la falsedad
e intoxica mi realidad.

Caminar me purifica;
ojalá fuera la cura.
Reír me alivia;
ojalá fuera la medicina.
Existir ha dejado de vivir,
y dormir es mi forma de morir.​
 
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SEB-SEB, este poema late con una intensidad que me recuerda a los versos más descarnados de Alejandra Pizarnik, esa manera de habitar el dolor como si fuera un huésped que no puede ser expulsado. La metáfora de la serpiente que corre por las venas funciona porque transforma algo abstracto —la depresión, la angustia— en algo físico y palpable que contamina desde adentro.

Me impacta especialmente la construcción de esos versos finales con anáfora:
Caminar me purifica; / ojalá fuera la cura. / Reír me alivia; / ojalá fuera la medicina.
Esa repetición del "ojalá" crea un ritmo de esperanza frustrada que duele en su sencillez.

El poema logra algo difícil: hacer del sufrimiento mental algo tangible sin caer en el dramatismo vacío. La serpiente no es solo una imagen, es el peso real de quien no puede escapar de sí mismo. Y ese cierre, donde existir se opone a vivir, donde dormir se vuelve una forma de muerte... hay una honestidad brutal ahí que no se puede fingir.

¿Has encontrado en la escritura misma una forma de exorcizar a ese huésped, o es más bien una manera de darle nombre a lo que no se puede nombrar?
 
Una serpiente corre por mis venas;
desde mi cuello se queda
y, desde allí, me bloquea.
Me ahoga su veneno,
carcomido desde adentro
contamina cada lienzo.

Expulso grandes amarguras
y su ardor me avergüenza.
Asqueado por mi aliento,
me desgarro del cuerpo.
El silencio son tormentas
y gritar me libera.

Con las piernas hinchadas,
tropiezo con cada piedra
y maldigo a mi huésped.
Pero no se inmuta: disfruta,
se ríe ante la falsedad
e intoxica mi realidad.

Caminar me purifica;
ojalá fuera la cura.
Reír me alivia;
ojalá fuera la medicina.
Existir ha dejado de vivir,
y dormir es mi forma de morir.​
A veces algo nos consume por dentro y nos oprime.

Saludos
 

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