Los pericos

Ángelo Gamo

Poeta recién llegado
Se ha escapado un perico
para cantar después de las 12,
se ha parado en mi puerta
a contar secretos extraños,
susurra cosas habla de la medianoche,

una voz extraña y mal decida

congela mis huesos quiebra mi quijada
me pone de rodillas eleva mis ojos al cielo.

Sangran mis oídos
cae brea enroscada,

es una caracola!
Incuba huevos en mi oreja.

De su interior se escuchan crías,
roncan rascan
rascan
Rascan y rascan.

Caen pedazos de esquirlas,
tierra blanca de su mal,
sepulta los pies de los malos dichos
que no saben que hicieron
y los que saben también.

Espero
que su noche se estrelle como un meteoro movido por el viento
que no toca y toca mi piel.

(Quiero que me toque,
que las plumas rocen mi cuello
una vez
solo una vez,
lo necesito

estrangular ese perico
que sus plumas formen un cráter
y no sea en mi cien,

tampoco en mis encías,
tengo miedo.)

No golpeo con fuerza,
mis manos no aprietan lo suficiente,
sus plumas verdes y violetas
se abren al son de mis parpados,
una y otra vez, y otra vez.

Basta.

No quiero seguir,
no quiero seguir,
qué saldrá​

Qué saldrá!

En mis ojos han puesto huevos,
otra vez,
pululan en su dentro,
mis dedos se tuercen se enroscan
vuelven a nacer crías,
rompen cascaron otra vez.

De mi cien crecen alas,
su canto se inyectó en mis venas,
baja por el hueco de mis hombros,
no encuentra su nido,

ancla en mis tobillos,
encarna la sangre en un pitido


la carne malsana,

sin poder dormir,
a mitad de la cama
a mitad de la noche.
 
Se ha escapado un perico​
para cantar después de las 12,​
se ha parado en mi puerta​
a contar secretos extraños,​
susurra cosas habla de la medianoche,​
una voz extraña y mal decida​
congela mis huesos quiebra mi quijada​
me pone de rodillas eleva mis ojos al cielo.​
Sangran mis oídos​
cae brea enroscada,​
es una caracola!​
Incuba huevos en mi oreja.​
De su interior se escuchan crías,​
roncan rascan​
rascan​
Rascan y rascan.​
Caen pedazos de esquirlas,​
tierra blanca de su mal,​
sepulta los pies de los malos dichos​
que no saben que hicieron​
y los que saben también.​
Espero​
que su noche se estrelle como un meteoro movido por el viento​
que no toca y toca mi piel.​
(Quiero que me toque,​
que las plumas rocen mi cuello​
una vez​
solo una vez,​
lo necesito​
estrangular ese perico​
que sus plumas formen un cráter​
y no sea en mi cien,​
tampoco en mis encías,​
tengo miedo.)​
No golpeo con fuerza,​
mis manos no aprietan lo suficiente,​
sus plumas verdes y violetas​
se abren al son de mis parpados,​
una y otra vez, y otra vez.​
Basta.​
No quiero seguir,​
no quiero seguir,​
qué saldrá​

Qué saldrá!

En mis ojos han puesto huevos,
otra vez,
pululan en su dentro,
mis dedos se tuercen se enroscan
vuelven a nacer crías,
rompen cascaron otra vez.

De mi cien crecen alas,
su canto se inyectó en mis venas,
baja por el hueco de mis hombros,
no encuentra su nido,

ancla en mis tobillos,
encarna la sangre en un pitido


la carne malsana,

sin poder dormir,
a mitad de la cama
a mitad de la noche.
Una transformación involuntaria y aterradora.

Saludos
 

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