FanÁngel
Poeta recién llegado
Es por la gente que duerme
que el espíritu del mundo
vela en la soledad de la noche.
Una noche verde —¿invernal?— donde
el trigo resucita el traje
de las diminutas vertientes
del río de la escarcha
del corazón herido
por el centro de su
cielo de sangre escarmentada,
por el latigazo azul que
hiela la madrugada
humedecida en el mármol
de la nieve ennegrecida
por el carbón del azogue
que enciende la hoguera
en la planicie agolpada
de los grilletes que raspan
y las esposas que aúllan,
en la huida del preso
que se desliza por la
tubería de hollín
de una cárcel aislada
en un polo boreal
de un planeta
con ruedas por nubes
y mar por cielo.
Es la huida en el festín
del viejo imberbe
con una brújula sin norte,
en un planeta donde se
santiguan las columnas
y el agua que llueve
del mar deshace la nieve
por encima de las tuberías
del hollín que hace
las veces de suelo.
La huida del viejo
imberbe por romper
la doctrina sagrada
de no comer carne
humana que las naves
volantes nodrizas
trajeron de un
planeta habitado
en un lejano
sistema solar.
Pero el óbito
del mundo imaginario
no deja escapar la cordura,
y el viejo sin barba,
en la frente de su columna,
camina por la fuga de
la sinrazón humana
al probar la carne
sagrada por el dios
de su estirpe,
que no es otra...
que no es otra...
que no es otra...
que la del rocío
duro de la palabra.
que el espíritu del mundo
vela en la soledad de la noche.
Una noche verde —¿invernal?— donde
el trigo resucita el traje
de las diminutas vertientes
del río de la escarcha
del corazón herido
por el centro de su
cielo de sangre escarmentada,
por el latigazo azul que
hiela la madrugada
humedecida en el mármol
de la nieve ennegrecida
por el carbón del azogue
que enciende la hoguera
en la planicie agolpada
de los grilletes que raspan
y las esposas que aúllan,
en la huida del preso
que se desliza por la
tubería de hollín
de una cárcel aislada
en un polo boreal
de un planeta
con ruedas por nubes
y mar por cielo.
Es la huida en el festín
del viejo imberbe
con una brújula sin norte,
en un planeta donde se
santiguan las columnas
y el agua que llueve
del mar deshace la nieve
por encima de las tuberías
del hollín que hace
las veces de suelo.
La huida del viejo
imberbe por romper
la doctrina sagrada
de no comer carne
humana que las naves
volantes nodrizas
trajeron de un
planeta habitado
en un lejano
sistema solar.
Pero el óbito
del mundo imaginario
no deja escapar la cordura,
y el viejo sin barba,
en la frente de su columna,
camina por la fuga de
la sinrazón humana
al probar la carne
sagrada por el dios
de su estirpe,
que no es otra...
que no es otra...
que no es otra...
que la del rocío
duro de la palabra.