Minona
Poeta fiel al portal
Supe que no me escuchabas cuando te dije que miraras hacia la orilla.
Me dijiste que allí no estaba el mar, sino un prado de hierba alta,
vencido por el viento, a veces blanco, como espuma de olas rotas.
Yo insisto y tú, con los ojos en el cielo,
dejas que el aire acaricie tu boca, que me sonríe, y me da la razón,
como a los locos.
“Será el mar” – dices distraído.
“Mira hacia la orilla, amor, la orilla llena de flores azules y amarillas,
mira el mar de hierba que moja tus piernas” - grito enloquecida
“¿Acaso no oyes el latido de la tierra?,
¿o a los inquietos y ciegos topos que te buscan, para que les salves la vida?”
Sé que no escuchas.
Pero el valle tiene una garganta aguda y cristalina,
el valle tiene ojos y nos ve movernos con ira,
arrojando nuestra furia sobre su vientre virgen e inmaculado.
El bosque también tiene brazos y manos, esos que recogen tu ropa sucia.
Escucha
Sé que no escuchas.
Escucha.
En este lugar, el mar, el prado y el valle se encuentran, se entrelazan.
Nuestras voces también se buscan, cada una desde su distancia.
Escucha – te pido y me pido – lo que la tierra murmura.
Escucha.
Me dijiste que allí no estaba el mar, sino un prado de hierba alta,
vencido por el viento, a veces blanco, como espuma de olas rotas.
Yo insisto y tú, con los ojos en el cielo,
dejas que el aire acaricie tu boca, que me sonríe, y me da la razón,
como a los locos.
“Será el mar” – dices distraído.
“Mira hacia la orilla, amor, la orilla llena de flores azules y amarillas,
mira el mar de hierba que moja tus piernas” - grito enloquecida
“¿Acaso no oyes el latido de la tierra?,
¿o a los inquietos y ciegos topos que te buscan, para que les salves la vida?”
Sé que no escuchas.
Pero el valle tiene una garganta aguda y cristalina,
el valle tiene ojos y nos ve movernos con ira,
arrojando nuestra furia sobre su vientre virgen e inmaculado.
El bosque también tiene brazos y manos, esos que recogen tu ropa sucia.
Escucha
Sé que no escuchas.
Escucha.
En este lugar, el mar, el prado y el valle se encuentran, se entrelazan.
Nuestras voces también se buscan, cada una desde su distancia.
Escucha – te pido y me pido – lo que la tierra murmura.
Escucha.
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