Alex Pantoja
Poeta recién llegado
Oh dios, ella tenía una tristeza
espantosa;
estaba allí sentada
a un costado
de distancia
mientras yo leía a Whitman.
«¿Estás bien?»,
le dije,
con algo de curiosidad
de saber quién era ella.
«Sí», me dijo,
con algo de asombro,
pero era obvio que mentía.
«¿Puedo hacer algo por usted?»,
le dije.
«No, todo está bien, muchas
gracias»,
me dijo ella,
y en eso era obvio
que también mentía.
Ella de pronto sonrió
sin razón aparente,
creía que yo era un ser
bastante curioso,
y yo no hacía más que mirarla
de reojo mientras leía.
Oh dios,
ella era también tan hermosa
y estaba allí,
en un sitio que se sentía tan real.
espantosa;
estaba allí sentada
a un costado
de distancia
mientras yo leía a Whitman.
«¿Estás bien?»,
le dije,
con algo de curiosidad
de saber quién era ella.
«Sí», me dijo,
con algo de asombro,
pero era obvio que mentía.
«¿Puedo hacer algo por usted?»,
le dije.
«No, todo está bien, muchas
gracias»,
me dijo ella,
y en eso era obvio
que también mentía.
Ella de pronto sonrió
sin razón aparente,
creía que yo era un ser
bastante curioso,
y yo no hacía más que mirarla
de reojo mientras leía.
Oh dios,
ella era también tan hermosa
y estaba allí,
en un sitio que se sentía tan real.