Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Te digo que no.
No quiero la felicidad.
Eso suena al eructo indecente
de un refresco
más que dulce y más que negro.
Mi eslogan es más silvestre:
Si no te jodo, no me jodas.
No deseo la felicidad
ni defiendo ese tal derecho para mí.
De escuincle
lo aproveché cuando lo tuve
sin saber: se podía tragar
como la tierra, a puñados,
o revolcarse en ella…
entonces, mi estómago era fuerte.
Después llegó la dispepsia
con tufillos de gourmet
y competencia: no pelar la naranja
hasta que me vieran comer.
Y digo que ya no quiero.
No quiero esa felicidad burguesa,
no la compro y no la vendo.
Si algo sobra o de pronto aparece,
repártela entre los que la necesitan;
son muchos, pero no yo.
Lo que quiero es estar tranquilo,
o no tan tranquilo,
o para nada tranquilo,
pero definitivamente
sin que nadie me esté repitiendo
a cada puto rato
que debo ser feliz.
No quiero la felicidad.
Eso suena al eructo indecente
de un refresco
más que dulce y más que negro.
Mi eslogan es más silvestre:
Si no te jodo, no me jodas.
No deseo la felicidad
ni defiendo ese tal derecho para mí.
De escuincle
lo aproveché cuando lo tuve
sin saber: se podía tragar
como la tierra, a puñados,
o revolcarse en ella…
entonces, mi estómago era fuerte.
Después llegó la dispepsia
con tufillos de gourmet
y competencia: no pelar la naranja
hasta que me vieran comer.
Y digo que ya no quiero.
No quiero esa felicidad burguesa,
no la compro y no la vendo.
Si algo sobra o de pronto aparece,
repártela entre los que la necesitan;
son muchos, pero no yo.
Lo que quiero es estar tranquilo,
o no tan tranquilo,
o para nada tranquilo,
pero definitivamente
sin que nadie me esté repitiendo
a cada puto rato
que debo ser feliz.
18 de marzo de 2026