Metido en años, supe que la vida soñada
era solo un invento mío, un gancho embustero
que, poco a poco, fue dueño de mi morada:
el mismo que en las noches hacía de romero.
Con la esperanza fría de quien no espera nada,
paso a paso la ruta, con el bolsillo a cero,
emprendí, a sabiendas que la vuelta añorada
sería con la arruga clara y la testa encuero.
Pero ya nada importa; lo vivido no cuenta,
sino lo que aún queda por vivir que no es poco.
Mientras, sigo viviendo lo vivido en mi mente.
La gana de volver ya no se siente hambrienta;
sabe que sigue aquí conmigo como un loco
que se mantiene atado a su propio torrente.
Gavase
era solo un invento mío, un gancho embustero
que, poco a poco, fue dueño de mi morada:
el mismo que en las noches hacía de romero.
Con la esperanza fría de quien no espera nada,
paso a paso la ruta, con el bolsillo a cero,
emprendí, a sabiendas que la vuelta añorada
sería con la arruga clara y la testa encuero.
Pero ya nada importa; lo vivido no cuenta,
sino lo que aún queda por vivir que no es poco.
Mientras, sigo viviendo lo vivido en mi mente.
La gana de volver ya no se siente hambrienta;
sabe que sigue aquí conmigo como un loco
que se mantiene atado a su propio torrente.
Gavase