Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde el infierno al que llamamos vida
hasta el umbral de tu anhelado cielo
me basta un gesto y encontrar consuelo
y dar por buena mi misión, cumplida.
Y en ese empeño con mi fe prendida
todo tu embrujo, con mi amor cincelo
buscando en ti con suplicante celo
poder amarte y restañar mi herida.
Confío en ti, con la piedad y el gozo
de aquel sediento de tu amor que clama
calmar con creces en tu eterno pozo
su sed de espera y a tu puerta llama.
Y en este trance tu presencia espero
ven ya,Señor, que por tu amor, me muero.
hasta el umbral de tu anhelado cielo
me basta un gesto y encontrar consuelo
y dar por buena mi misión, cumplida.
Y en ese empeño con mi fe prendida
todo tu embrujo, con mi amor cincelo
buscando en ti con suplicante celo
poder amarte y restañar mi herida.
Confío en ti, con la piedad y el gozo
de aquel sediento de tu amor que clama
calmar con creces en tu eterno pozo
su sed de espera y a tu puerta llama.
Y en este trance tu presencia espero
ven ya,Señor, que por tu amor, me muero.