Guille Betancourt
Poeta recién llegado
Cuidado con el fuego.
Cuidado con el punzón
que esconde en su pecho la belleza;
cuidado si un relámpago ilumina
tus ojos palpitantes en sus manos.
Cuidado cuando encuentres
el clavel de la alambrada y confundas,
con eco de sollozos,
los duros arpegios del canto de la libertad.
Cuidado si en tu viaje
el diablo juega sin las cartas marcadas;
cuidado si ganas porque entonces deberás
elegir entre el vacío y la certeza.
Cuidado con tu sonrisa falsa
en la perpetua galería de los espejos.
Cuidado cuando cruces
la frontera del lenguaje y este nombre
se desprenda de tu cara como un grito,
y las palabras ya no estén
cautivas de las cosas, y pese el amor,
como una tiniebla sin sonido,
cuando te arrase una serena
avalancha de mutismo y soledad.
Arroja entonces detrás tuyo
la yesca y el pedernal. No vuelvas
jamás la vista ni preguntes
a los adivinos circunspectos
dónde han caído. Sigue adelante.
Muere de frío ante la mirada
impasible de tu estrella.
Cuidado con el fuego.
Cuidado con el punzón
que esconde en su pecho la belleza;
cuidado si un relámpago ilumina
tus ojos palpitantes en sus manos.
Cuidado cuando encuentres
el clavel de la alambrada y confundas,
con eco de sollozos,
los duros arpegios del canto de la libertad.
Cuidado si en tu viaje
el diablo juega sin las cartas marcadas;
cuidado si ganas porque entonces deberás
elegir entre el vacío y la certeza.
Cuidado con tu sonrisa falsa
en la perpetua galería de los espejos.
Cuidado cuando cruces
la frontera del lenguaje y este nombre
se desprenda de tu cara como un grito,
y las palabras ya no estén
cautivas de las cosas, y pese el amor,
como una tiniebla sin sonido,
cuando te arrase una serena
avalancha de mutismo y soledad.
Arroja entonces detrás tuyo
la yesca y el pedernal. No vuelvas
jamás la vista ni preguntes
a los adivinos circunspectos
dónde han caído. Sigue adelante.
Muere de frío ante la mirada
impasible de tu estrella.
Cuidado con el fuego.