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Arden brazas rabiosas
entre mis venas resecas.
Soy una tea interna,
enmudeciendo en blanco martirio.
Nadie sabe del dolor enmascarado
en carne dura y ojos helados,
pues el tormento es íntimo;
purificación acrisolada
para manjar de dioses ocultos.
Pinto quimeras astrales
con mi sangre prófuga...
El viento es afilado
en la cumbre más amarga.
Entre zarzas negras
encontramos rastros
de la piel de Dios.
El silencio es alquimia de vacíos
enraizados entre las piedras
más fieras de la montaña.
¡Qué duro es el destierro
para el alma desertora!
¡Que dura es la maldición de Nob
y el signo del...
Los que ardemos
somos pretérito convulso
y ruinas de futuros diluidos;
somos viento frío
sobre cenizas señoriales
y calaveras entronizadas.
Los que ardemos
somos el punto final
de la sinfonía inacabada;
somos soles arropados
por la lubricidad de las estrellas
y la menstruación lunar.
Los que...
Es ahora donde la caída
de la última estrella
ha de traer
el grito más puro
que nos disgregara
entre los huecos dejados
por la rabia de Cronos.
Se desquebraja el firmamento
por la policromía de estridencias.
¿Este florecer de soles nuevos
marcan una génesis más espléndida?
¡Que arda hasta el...
Ahora cae el último pétalo
de la flor sacralizada
por la unción
del tiempo mártir.
Todo es silencio
en nuestro tránsito por fieras sendas
para ensordecer
nuestra conciencia y carne
Esperamos el parpado de la noche
para encubrir
la nulidad de nuestra crónica.
¿Estamos socavando
el tegumento...
Estimada Guadalupe, te agradezco infinitamente tus palabras de apoyo; esto me da ánimos para darme tiempo de seguir escribiendo.
Te mando un gran abrazo desde mi rincón del mundo.
¡Oh, como arde la sangre
en el crepúsculo frío!
¡Cómo arde en la sustancia
y lo etérico
en la certidumbre
y el derribo!
Huérfano,
el humo náufraga
en la tibieza del río,
donde la luna ojizarca
ha lavado su vestido.
Arde la comba de lejanías
y de pájaros heridos;
arde la...
Entre zarzas negras
encontramos rastros
de la piel de Dios.
El silencio es alquimia de vacíos
enraizados entre las piedras
más fieras de la montaña.
¡Qué duro es el destierro
para el alma desertora!
¡Que dura es la maldición de Nob
y el signo del asesino!
Sembramos caminos ardientes
bajo el...
Los que ardemos
somos pretérito convulso
y ruinas de futuros diluidos;
somos viento frío
sobre cenizas señoriales
y calaveras entronizadas.
Los que ardemos
somos el punto final
de la sinfonía inacabada;
somos soles arropados
por la lubricidad de las estrellas
y la menstruación lunar.
Los que...
Es ahora donde la caída
de la última estrella
ha de traer
el grito más puro
que nos disgregara
entre los huecos dejados
por la rabia de Cronos.
Se desquebraja el firmamento
por la policromía de estridencias.
¿Este florecer de soles nuevos
marcan una génesis más espléndida?
¡Que arda hasta el...
Ahora cae el último pétalo
de la flor sacralizada
por la unción
del tiempo mártir.
Todo es silencio
en nuestro tránsito por fieras sendas
para ensordecer
nuestra conciencia y carne
Esperamos el parpado de la noche
para encubrir
la nulidad de nuestra crónica.
¿Estamos socavando
el tegumento...
Quiero caer
en la verticalidad de tu vientre
de tus piernas
de tus ojos.
Quiero perderme
en la blancura de tus dunas,
en tu paisaje de llamas quietas
duras
frías.
Quiero dibujar mi silueta
junto a la tuya,
en la arena sin tiempo,
para que la arrastre
la caricia del mar,
hasta el fondo
de su...
Te siento fría
mía
lejana
tan
lejana
como la estrella más solitaria
en el rincón más triste del cielo.
Quisiera ser también astro
y remontarme
a la órbita de tu amargura,
compartiendo tu dolor circular,
destilándolo en un brillo vertical:
El grito de un sol moribundo.
Pero no puedo
eres tan...
En un cuenco ennegrecido de rencores
deposito el último mendrugo
de lo que fue mi corazón.
No lo necesito.
¿Para qué?
No me sirvió más que
para albergar angustias,
fermentar odios,
acunar tristezas,
engendrar la Muerte.
Ahí dejo mi corazón,
ya no lo necesito.
¿Para qué?
En la tumba
nadie...
Juego angustioso
este mirar a través de la herida
que nos deja el sesgo del tiempo,
nigromancia onanista
que no revela ningún futuro,
y solo nos impregna
con la única verdad
que entraña este Delfos:
La certeza de la Muerte.
(La sangre huye,
vertical
entre las líneas
de este canto herético)
Solo contaba con treinta apretados minutos para ir, comer y volver.
Llego, transpirando por el rencor del sol y el medio trote al local de comida rápida; la opción más cercana existente a su claustrofóbico lugar de trabajo.
Era el típico sitio que tenía más de fonda que de...
Más allá
de este desierto cíclico,
floresta de espejismos seculares…
¿Existirá el ansiado oasis
donde calmar la arcana sed
que hiere mis labios?
El polvo gana espacio al viento.
La sequía anida bajo la piel.
Ahora el viento es grito
sobre los negros horizontes.
Un retumbar
de alas cortadas.
Señor del Frío,
ten piedad de mi alma
y las manos traicionadas.
Relumbre de tijeras.
Thanatos y Eros.
Miedo a la carne
que se niega a morir.
Soy gusano astral.
Soy sol muerto.
Soy temblor divino.
Un...
Siglo azul
temblores
en lo profundo nace
el eco del abismo
insaciable
en su ascetismo.
Roca enferma
canto muerto
sobre cumbres terribles
dioses desnudos
persiguen la muerte.
Es el fin
de todo y todos
es música
alta y sonora
inapelable en su excelsitud
de filo recto al corazón.
Naciste canción
viento
amurallado de pronombres
risa y estruendo
tensando
la línea del horizonte
de tristezas
rojas y azules.
Naciste canción
flor
tejida de llamas
ambivalentes
con herencia de sol
naciente
en un giro
horizontal y eterno.
Naciste canción
alborada
perfumada por los siglos
rosa...
¡Oh, como arde la sangre
en el crepúsculo frío!
¡Cómo arde en la sustancia
y lo etérico
en la certidumbre
y el derribo!
Huérfano,
el humo náufraga
en la tibieza del río,
donde la luna ojizarca
ha lavado su vestido.
Arde la comba de lejanías
y de pájaros...
Sangre.
Brillo.
Es tiempo de llenar los bolsillos
de estrellas
y ocultar la faz
bajo nuevas banderas.
El pan de la derrota
se petrifica sobre la mesa
donde Dios regurgito
la piel de mis nuevos fracasos.
El silencio se aglutina
en exequias rutilantes
sobre las manos blanqueadas
por dolores...
Arde la noche,
retumba el gemir de las estrellas
sobre su piel alquímica.
El trote de fantasmas azules
es régimen
de realidades interpuestas
en oro y fuego helado.
El sueño acuchilla los ojos
y la carne
tremola en ansias rojas
negándose al tálamo.
La noche es tapiz de llamas
y jauría de...
Pasa
el vendaval de alas negras
que ensombrece
mi huerta sin frutos.
Cavo mi tumba
en el rincón
donde sembré mi esperanza,
en donde nunca
floreció.
Muero
sin prisas y sin pausas,
derramando
mi odio y mi tedio
sobre un crepúsculo
vertical.
Miro el canto
abrir la herida vertical
sobre la dermis escoriada
del misterio
atenazado
a los jirones
de mi alma amedrentada.
Muero de hastió
sobre las manos del horizonte.
I
Se me esconde la luz
dejándome una herencia de frio
para sepultarla
en el seco erial
donde guarde tu recuerdo
II
Se me esconde la luz,
me entrega, impía,
a una angustia ciega,
un dolor vertical
que no encuentra reposo
III
Se me esconde la luz,
huye, egoísta,
en un exilio sin estela,
dejando...
Sigo aquí, extraviado,
en este desierto
de dureza vertical,
extenso,
inmenso,
concavado
como la eternidad
donde se desterró el tiempo,
donde duerme el silencio,
donde la luz se esconde
en cada pliegue.
No hay muros,
no hay puertas,
no hay fosos,
pero, aun así,
sigo perdido,
ciego de tanto vacío...
No encuentro espacio
en el albor helado
de este vacío draconiano
dónde hospedar
la herida de mi voz.
(voz herida - herida voz)
El cielo es demasiado frio
en su perfección horizontal
y el quieto furor de mi sangre
trazas líneas temblorosas
de dolor vertical
(la blancura se rompe en mosaicos
y...
No queda más
que contemplar
el vacío que deja mi grito
en la matriz
de este silencio mutuo
(tu silencio, mi silencio)
hueco con sapidez
a un viento vertical
y efímero
que se llena
-desbordante-
con un hervor
de murmullos translucidos,
un desplome de cristales tenues,
ingrávidos,
(¿retazos...
Cae
cae
cae.
El cielo muerde,
el cielo arde,
el cielo no es seguro.
El sol reseca
cualquier esperanza,
blanquea lo huesos
de tus sueños extraviados.
No hay en que creer,
solo entregarse a manos
del vértigo
nos da sustancia.
Cae
cae
cae.
El infierno espera,
el infierno brilla,
el infierno no...
Reticencias.
Angustias quebradas.
Manos y pies sobre la arena
del mar más solitario.
Fiebres.
Ojos sin rumbo.
Sinfonía de huesos rotos
sobre llanuras bíblicas.
Espasmos.
Un grito vertical.
Desplome de alas ciegas
entre vientos afilados.
Silencio.
Hay que remontar,
abrir las alas sobre este horizonte
de dureza vertical,
escapar de lo que somos,
olvidar lo que fuimos,
llenarnos de la libertad del aire
(de su vacío sin sueño)
confundirnos con el cielo más lejano
y llorar lágrimas sin tiempo
hasta que se nos vacíen los ojos
y en su lugar...
Se me desdoblan los ojos
en espacios ilimitados,
horizontes verticales
emponzoñados de vértigo,
dédalo de ángulos cíclicos
calles vacías de sueño
me llevan en alas de su despecho
hacia los cielos más helados
donde todo canto muere,
donde toda muerte nace.
El corte vertical
parte en dos
la burla que enarbola
la careta de mi alma.
Me asusta verme desnudo.
Adán en su paraíso
de inmundicias.
El viento es frio
pero no mueve la hierba.
¿Quién es?
Eva incestando con el miedo.
Dios oculto tras el árbol de la serpiente….
¿Se masturba?
Fuimos expulsados...
Ingenuamente,
creemos guardar
todos los amaneceres
en los bolsillos,
pero solo acumulamos
crepúsculos
(amaneceres muertos
corrompidos y enfangados)
Nos empapamos
de noches inconclusas,
de sombras lucidas
y luces amargas
y al final
nos espantamos
de la ausencia de sol.
El horizonte retumba
de tristezas,
tristezas afiladas,
tristezas mudas,
tristezas frías,
que se alargan
en tus pupilas
y se enraízan
en tus venas
hasta volverte también
horizonte
y silencio
y tristeza.
¿Qué es aquello
que duele tan adentro,
donde el miedo nace
y el corazón se pudre?
(Y el silencio crece, insolente)
¿Un grito largo tiempo encapsulado?
¿Un odio enclaustrado y fermentado?
¿Un dios muerto de olvido frio?
(Y el silencio llena lo huecos extraviados)
¿Qué es aquello
que duele...
Vertical
cae la decapitación
de mi canto incierto
sobre el relumbre
de praderas fragmentadas
Cae
(sigue cayendo)
Elevo una elegía
a mi polvo disperso,
oración de mutismo gris
que no encuentra
el límite de su contorno.
Cae
(sigue cayendo)
Vertical
se desliza la palidez
del silencio.
Le canto...
Hay un juego nuevo
entre los ángulos
que nos desluce
en sombras nacaradas.
Somos barro de dioses,
un amanecer pactado
entre génesis estériles.
Proyectamos nuevos dédalos
para ciegos que nos perfilan
en las piedras inmemoriales
del confortante fracaso.
El juego no termina
hasta que fenezca de...
Hay un juego nuevo
entre los ángulos
que nos desluce
en sombras nacaradas.
Somos barro de dioses,
un amanecer pactado
entre génesis estériles.
Proyectamos nuevos dédalos
para ciegos que nos perfilan
en las piedras inmemoriales
del confortante fracaso.
El juego no termina
hasta que fenezca de...
Dios cristalizado.
Salto abierto
entre astros lacrimógenos.
Me pierdo en lo esférico
de los pechos de la luna.
¡Constelaciones lúbricas!
Renazco en un día nuevo
preñado de tardanzas.
Soy llama helada
oscilando entre florestas.
Doy un paso más
hacia una eternidad horizontal.
Te amo
en tu lejanía de niebla sacrosanta
adorándote en el altar de mi delirio
comulgando con las brasas de mi deseo
rebosante de ansias mutiladas
Te amo
a través de océanos de distancias
anegado de anhelos desbordados
naufrago en tus manos de coral
disperso en manantiales estelares
Te amo
a...
Tiemblas,
corza esquiva
asediada por mi flecha.
Rocío salvaje
rutila de ardor en tu huida.
La luna tiñe tus pasos
con relumbres de quimeras.
Entre floretas de nieblas
se me pierde tu silueta,
donde las ninfas nacen
y los sueños descuellan.
Pero el viento trae tu aroma
de sangre tibia y...
La vida nos inunda, nos ahoga,
nos desgarra en los escollos más crueles,
fragmentando nuestro dolor en mil esquirlas.
La vida nos deforma, nos amolda,
nos enfunda la agonía más abyecta,
hasta volvernos solo un grito y una herida.
La vida nos destroza, nos devora,
nos monda los huesos hasta el...
Más allá de la estrella más fría,
deposito tu recuerdo a intervalos,
desgranando tu nombre letra a letra
para que se disperse en el confín más remoto
y me duelas menos en la sangre
y tu eco no resuene en los rincones
y tu perfume no disturbe mis sueños
y tu latido no interrumpa mi...
Saludos, equipo Mundopoesia.
Los felicito por realizar una revista digital de tal alta calidad y tan informativa y también les agradezco profundamente elegir una de mis poesías para incluirla entre obras de mayor merito, es algo que me impregna de un discreto orgullo.
Les mando a todos un...
Pálida llama que palpitas en el frío,
fuego que no alcanza a dar calor.
¿No logran tus tristes fuerzas
iluminar la silueta de mi soledad?
¿No logras ahuyentar
el fantasma de esta angustia?
Ilumina, entonces,
el perfil de mi cadáver
y que tu trémulo estertor
haga...
¿Quién puede
calibrar la angustia
que petrifica la sangre
en un grito contenido?
¿Quién puede narrar la soledad del sepulcro?
¿Quién puede entender
el rigor de la tierra
y conocer el final
de la caminata en la niebla?
¿Quién puede soportar la sonrisa de Dios...
No te digo adiós,
no es necesario
¡Solo busca mi cadáver insepulto!
Haz con mis huesos un altar
en honor de mis fracasos
y quema mi recuerdo sobre ellos.
Quiero arder
hasta lo más hondo.
Quiero ser nada
y serlo todo,
unido a la noche más profunda,
detrás de la...
Les agradezco a todos sus comentario y es un motivo de orgullo que se haya escogido un poema mio como recomendado. Lamento no haber entrado al foro antes pero he estado muy ocupado.
Un abrazo fraternal para todos.
Desfallezco…
¿De soledad
o de sed?
Ya no importa
En mi pecho
se ha prendido
el negro clavel
de la derrota
Me vuelvo polvo
Me desintegro,
desnudo,
húmedo de atardecer
Reticencia crepuscular
frente a un mar
de verde silencio.
Todo está quieto
como en espera de la Muerte.
Las horas nacen y mueren
en la oquedad de tus retinas,
perdidas, para siempre,
en un vértigo sin fin.
Todo huele a llanto,
a llanto y silencio.
La noche inicia
Furia,
ladran los cerberos
en la puerta de mi infierno.
Se abre la luna roja
derramando fieras hogueras.
Cae una sombra sin sonido,
mis manos con humedad tibia
me hablan de pecados
que enraízan en la carne.
El silencio
es patria de las estrellas.
Yo solo oigo el tañer
fúnebre de mi sangre...
Terrible el eco
de esta lluvia negra
que desgarra las rocas
de la catedral oscurecida,
recordando el inicio de la inocencia
y el rencor del dios más frágil.
Todo es un grito
que se renueva en cada grieta.
Nuestro final es más cercano
al palpito de los gusanos
que al fornicio de los ángeles...
El cielo es más estrecho
en este día tan gris.
No puedo exigir más a mis pies,
pues han olvidado hasta el último sendero.
Quiero caer
con la última hoja
del árbol más solitario.
El viento es más frio
cuando la sangre es negra.
Dejare mi sombra sobre esta banca,
al resguardo del ultimo...
Rogaré entre tus pechos
por una buena muerte.
Morderé mi orgullo,
escupiré a mi sombra,
buscare los huesos
del ultimo suicida.
Ni la quietud de tus muslos
me traen redención
El sol luce tan duro
y la luz tan fría
que en mis manos florecen
llagas azuladas.
Ya ni tu boca
me sabe a vida...
Abriré nuevas puertas
y explorare nuevas muertes
hasta sentir el frío de la carne,
la caricia del sepulcro.
No hay sol en esta orilla
tras el beso de la ceniza.
La herencia de los cuervos
es el estigma acerbo
de una cruz ajena y ciega.
Conoceré el final del laberinto
contando los huesos del...
Piedra doliente
en la cumbre amarga.
Cielos rotos
y desplome de ángeles.
Mira el espejo del horror,
descifrar el enigma de la carne.
Grítale a la Muerte
que ya son insuficientes
las orillas de la eternidad.
Cae el silencio.
Dios es tan ciego
como el rencor del polvo.
Hay tanto frio.
Horrores nevados
amortajan el horizonte.
Cenizas de soles
queman las pupilas.
Todo es una aberración traslucida
desplegándose en pliegues blasfemos
mientras el ultimo ángel
devora su carne perpetua
sobre alfombras de sangre.
Y Dios, desnudo,
se masturba sobre los huesos de...
Ellos llegaron en sombra
con amargura de mar,
se presentaron desnudos
con anciana majestad.
Rancios huesos presumían
con su enfermo crepitar.
No me sorprendió en nada
oír mi nombre pronunciar.
“Guarda ya esa tinta
y déjala entre el polvo secar.
Pídele perdón a tu madre
y pon tu cuarto a airear...
Mi piel se derrumba
con el grito del crepúsculo.
El gravamen del silencio
es la dureza de cada noche
Contemplo el viejo fantasma
que habita en la esquina
vistiendo la mortaja
de mi niñez exiliada.
El viento trae efluvios
de marea acerbos
y el horror de la decrepitud
una ceguera helada.
Mírate en otras manos
donde tu culpa rebulle, insolente.
¿Te sientes limpio, transfigurado?
La Muerte no es olvido ni absolución,
el pecado es firme como roca,
ennegreciéndose en el tiempo,
convirtiendo tú nombre en blasfemia.
No hay perdón para vivos o muertos.
El rencor de Dios es...