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Tienes razón al afirmar que cortar un texto en versos no lo convierte automáticamente en poema. Esta es una crítica frecuente al mal uso del “verso libre”, donde se distribuye arbitrariamente un texto sin una razón estética o rítmica que lo sustente. Como lo dice José Hierro, “el verso libre no...
Gracias por tu mirada atenta y crítica. Y tienes razón: el enfoque que tomé en el ensayo no fue aséptico ni exclusivamente técnico porque quise ir más allá de una clasificación formalista. No fue una omisión por descuido, sino una elección deliberada.
Te explico por qué:
La frontera entre...
En lo más íntimo de esta poetisa habita el eco de una despedida no pactada, de un amor que se fue sin el cierre que permite sanar. Lo que siente es una mezcla de duelo, vacío y ternura congelada.
Llora no solo la ausencia física, sino la falta de palabras, el silencio que ahora ocupa el lugar...
Y de nuevo esto es una prosa lirica. Me afecta que yo escribo más en mi arte literario en prosa siguiendo la tendencia de Cortázar y Eduardo Espina y porque otra persona interpreta de otra forma lo clasiquen sin mi permiso . Ni tan siquiera un diálogo educativo sobre forma y estilo.
La distinción entre un poema y una prosa lírica ha generado debate entre críticos, escritores y estudiosos de la literatura desde hace siglos. Ambos comparten elementos esenciales como la subjetividad, la musicalidad, la imagen poética y el lenguaje simbólico, pero difieren en estructura...
Yo se que lo haces por visualizacion pero esto no es poema...es prosa lirica por su expresión, solo leelo es como si yo hablase conmigo o con tercero expresando un sentir. La propia prosa lo explica
Y entonces, escribo.
No para ellos. No para ti. Para mí.
Para ese yo que se esconde entre la punta del bolígrafo y el abismo del insomnio.
Escribo sin pedir permiso.
Con errores, con excesos, con palabras que se caen de la cama del idioma
y se acurrucan en el suelo tibio de lo que siento, no de...
amarte
con la yema,
amarte
con la lengua,
amarte
con el vientre,
amarte
con la sed de una palabra
que nunca se dice,
pero
arde.
amarte
contra el muro,
amarte
bajo la sábana que no cubre
lo que el gemido
desnuda.
amarte
a ritmo de espasmo,
de mordida,
de súplica
atada al muslo.
amarte
en la...
Amarte...
amarte.
amarte—
amarte
en la nuca,
en la espalda,
en el borde de tus labios
donde tiembla la palabra.
amarte
sin ropa
sin nombre
sin fe
sin tiempo.
amarte
hasta
que
amarte
sea
lo
único
que
queda.
A M A R T E
amar(te)
amar(me)
amar(nos)
amarte.
amarte.
amarte...
¡Gracias por tu comentario tan atento y generoso! Ya sabes cuánto valoro tu mirada y sensibilidad para la palabra. Y no, no me molesta en lo absoluto—al contrario, me alegra saber que te has detenido en los versos con tanto cuidado.
Sobre la repetición de "ser", te confieso que fue intencional...
El domingo en el extranjero no tiene nombre. Es una página sin título que alguien dejó en blanco entre dos calendarios. Es un pan sin corteza, un café que no sabe a casa, una iglesia sin campanas en una ciudad que no reza. El idioma duerme con los ojos abiertos, colgado de las paredes donde no...
En el alba que se desgarra como un mapa viejo, ellos caminan. No llevan relojes, porque el tiempo aquí es una serpiente que muerde su cola: los días se repiten en sudor, en sed, en huellas que el viento borra con dedos de arena. Los migrantes avanzan, esqueletos de esperanza vestidos con piel de...
No importa que en el norte el sol abrase,
ni el aire queme con brutal desvelo,
que el cielo en llamas cubra todo el suelo,
ni el fuego en otra tierra se desgrase.
No es igual que tu abrazo, que me enlace
con palma, con tambor, con mar y anhelo,
con lluvia dulce que me sirve de cielo
y un coquí...
No importa que la temperatura suba, que el sol del norte me roce con dedos de fuego, que el asfalto respire vapor y las paredes suden nostalgia. No. No es lo mismo.
Porque tu calor, mi isla bendita, no es de grados ni de estaciones,
es un fuego que se lleva en la sangre
como tambor que nunca...
Dejar de amarte debería ser tan fácil como cerrar un libro,
marcar la página donde tus ojos me dijeron todo sin hablar
y archivarte en la estantería de los “hubiera”.
Pero no.
Porque amarte fue un error con ortografía perfecta.
Un accidente planeado por algún dios menor,
ese que se divierte...
Hay bares que no figuran en los mapas, donde el camarero no pregunta nada, porque sabe que el silencio también se sirve en vaso corto y con hielo.
Son esos lugares donde el alcohol es barato, pero el olvido cuesta una vida.
Barras sin gloria, donde las botellas sudan por los pecados de sus...
Quizá regreses, dulce y pensativa,
con ese andar de lluvia en la mirada,
con voz de alondra, tímida y callada,
como una flor herida y fugitiva.
Quizá me nombres, torpe y sin motivo,
cuando el dolor te asalte la alborada,
y sientas que tu piel fue maltratada
por besos que no fueron tan vivos...
Aquí no hay carnets, ni membresías mensuales, ni filas ordenadas para llorar.
Se entra sin querer, por la puerta equivocada del amor,
por esa rendija que dejaste abierta pensando que el olvido no vendría.
Y zas... te llegó.
Bienvenido, sí. Pasa.
Aquí los corazones no laten: escriben.
Palpitan...
Pienso que estás hablando con la luna como si fuera tu exilio.
Una luna que no alumbra, sino que enciende venenos,
que no cuida, sino que rompe con su luz filosa.
Cada verso lleva la nostalgia de un amor que no se fue, sino que se quedó habitando como sombra bajo tu piel.
Y eso duele. Porque el...
Me presento sin rodeos: soy el pene.
Sí, yo. El que tantas veces nombran en voz baja,
el que señalan con risitas o con vergüenza,
el que a veces mandan callar y otras veces aplauden como si fuera héroe de alguna conquista.
Pero yo no elijo.
Nunca he elegido.
No decido cuándo amar ni cuándo...
Mentira esa de que es mejor estar solo.
Mentira que me cuento cada noche mientras tu sombra no aparece.
Mejor mal acompañado... si sos vos la que acompaña.
Prefiero tu caos, tus silencios con filo,
a este vacío que me mira sin parpadear,
a esta cama que se enfría sin tus piernas cruzando las...
Bajo la lluvia que golpea como un tambor herido, respiro tu fantasma entre las ráfagas. El aire carga tu rastro: hierba salvaje pisoteada por la tormenta, lodo fértil que clama semillas, vida que estalla en cada grieta. Huelo a tu piel, a ese surco donde sembré mis labios una vez, a las mañanas...
Quédate,
como se quedan las ganas de otro sorbo
cuando el café sabe a caricia.
Quédate,
como se quedan las canciones
que huelen a domingo y a vos.
No me digas chau,
decime “más cerquita”,
y que el hilo rojo se anude en nuestras manos
como promesa de lluvia dulce.
Bailá conmigo
sobre ese tejado...
Los poetas beben los viernes porque el amor es demasiado sobrio entre semana. Beben no por sed, sino por esa necesidad absurda de convertir la tristeza en vino, y el vino en verso, y el verso en una mujer que nunca llega. Se embriagan con palabras como otros se embriagan con promesas. Les gusta...
Los viernes de abril tienen la decencia de no preguntar por ti, pero lo hacen. Lo hacen con la crueldad de los que callan sabiendo. Caminan con la lentitud de una hora maldita, de esas que se estiran como chicle en la boca del tiempo mientras yo muerdo el insomnio que dejaste entre mis dientes...
Hay noches así, donde el cielo amenaza y no cumple. Se llena de promesas que cuelgan como nubes en el pecho… y no caen. Yo he salido a esperarte, como se espera a la lluvia de abril: con los brazos abiertos, la boca entreabierta, la piel dispuesta a empaparse de ti. Pero nada. Sólo tu sombra...
Cuando mi almohada duerme a solas,
me maldice.
Se hincha de tu ausencia como si fuera piel
y no espuma.
Hunde la cara en el silencio
y no me deja dormir.
Dice tu nombre entre dientes de algodón
como si lo odiara,
como si lo amara más que yo.
Anoche la vi llorar,
te juro.
Un hilito de nostalgia...
Bajo el cielo sereno flotamos como nubes que se abrazan.
Nuestras almas vaporosas se entrelazan sin forma,
difuminando los contornos de tu ser y mi ser
hasta ser la niebla de un solo sueño compartido.
Sedientos el uno del otro, nos vertemos en un mismo cauce.
Tus aguas y las mías se confunden...
Tu poema es una sinfonía de sentidos y emociones, donde lo etéreo y lo terrenal se entrelazan con maestría. La repetición de verbos —*devorar, escuchar, sentir*— actúa como un latido que impulsa el ritmo, mientras las metáforas transforman el amor en elementos tangibles: el agua que se vuelve...
El poema explora el deseo como fuerza primal, usando el volcán como símbolo central de la pasión incontrolable. Se destaca la fusión de cuerpos y almas, borrando los límites entre lo físico y lo espiritual. La experiencia amorosa se presenta como un acto de éxtasis y destrucción creativa, donde...
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.
Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.
Huelo...
Caminar es deshojar el tiempo. La calle se abre como un libro viejo, sus páginas manchadas de huellas, de sombras que se arrastran tras los faroles. El caminante no lleva prisa; su destino es el polvo que se levanta con cada paso, el eco de sus propias preguntas rebotando en las fachadas...
Poeta Encontrado
Lo hallaron en una página que no estaba escrita, entre el polvo de sílabas derramadas sobre el mármol del tiempo. Un hombre hecho de letras que respiraban al revés, exhalando tinta en lugar de aire, con ojos de paréntesis abiertos hacia un cielo de papel secante. Su sombra, un...
Este poema es un canto al amor que fue intenso y transformador, pero que ahora vive en la memoria y en la ausencia. La imagen de la habitación vacía, los pájaros cantores, y el halcón que pide clemencia en lo alto del cielo, evocan una conexión espiritual con ese ser amado que ya no está, pero...
Se ama como se cae: con una torpeza que no admite excusas, con una gravedad que no necesita explicación. Se ama como quien olvida, por exceso de memoria, que el cuerpo es un laberinto del otro y que entrar es una forma de perderse sin mapa. Se ama cuando el lenguaje cede, cuando no hay palabra...
Querida:
Hoy la tarde se partió como un vaso en el fregadero, sin ruido, sin testigos.
Y los espejos —esos desgraciados testigos mudos— empezaron a susurrarme tu nombre.
Yo no quería escucharlo. Juro que no. Pero uno tiene los oídos llenos de memoria.
Me vi en el del baño, con la barba...
Tú, que hojeas el álbum de los días como quien descifra un telegrama en clave, ¿no escuchas ese rumor bajo la piel del silencio? Es ella, o es su sombra, la que desordena los cajones de la memoria. Te dices: *«Aquella mañana de lluvia, cuando el café frío dibujaba anillos en la mesa, juré no...
Gracias por visualizar mi escrito como un poema pero no lo es. Habrás notado mi tendencia a contar historias o escribir sobre detalles en forma narrativa.
Mira, esto que escribí se considera prosa lírica, no un poema en verso tradicional, y te explico por qué. Aunque suena muy poético y tiene...
Déjalo, que pregunte
Déjalo.
Que pregunte.
Que mire de reojo lo que no entiende,
lo que no supo sostener con las dos manos.
Él no sabe lo que se pierde.
No tiene idea del abismo tierno de tus ojos,
ni del huracán que eres
cuando decides amar sin miedo.
Él no conoce tus silencios,
ni las...
Alas de Abrazo
Mis brazos como alas extendidas,
te aguardan en la bruma del instante,
y vuelan hacia ti, dulces, rendidas,
buscando tu calor, fiel caminante.
El viento me murmura tu llegada,
el pecho se me enciende de esperanza,
mi piel, por el deseo despertada,
te nombra en cada flor, en cada...
Te desdoblo en calendarios y no alcanzo.
Te pienso en lunes y ya eres domingo con resaca de besos.
¿Qué hago contigo, amor hecho tiempo,
sino habitarte como quien entra descalzo a un poema
y se corta con cada sílaba?
A veces me da por esconderte en las tazas de café,
otras te dejo en la rendija...
Te nombro cuando el día se acuesta en el regazo de la tarde,
cuando las sombras se derriten sobre los muros
y el viento, ese viejo cantor de ausencias,
me susurra tu nombre con voz de pan y ceniza.
Te nombro en el café que tiembla en mis manos,
en la brisa que lame mi nuca como un recuerdo,
te...
El domingo se despierta con pereza de animal herido,
se arrastra por las cortinas,
moja el café frío de la semana
y se sienta a mirar el reloj.
La casa es un zapato vacío.
Las horas se deshacen como azúcar en la taza,
y yo, descalzo, camino sobre el silencio,
pisando migajas de tiempo...
Amanecía el mundo con tu nombre en los labios del viento.
Ya la casa huele a pan,
y en el patio canta el gallo
como si no supiera
de las penas que guardamos.
Hay café sobre la mesa
y un silencio que perdona.
Los relojes se detienen
cuando el alma se asoma.
Los domingos no preguntan,
se...
Hoy es sábado y eso lo cambia todo. No hay reglas firmes los sábados, solo una leve inclinación del tiempo hacia el bostezo o la epifanía. A las 3:14 de la tarde me descubrí en el sofá, con un calcetín puesto al revés y la sospecha de que algo importante se me había olvidado. Podía ser una cita...
Hoy es sábado
y el mundo no se da cuenta.
La ciudad bosteza,
las calles tienen sueño
y yo también,
pero no me duermo porque me haces falta.
Hoy es sábado,
pero sin tu voz,
sin tu risa en la cocina,
sin tus pies descalzos huyendo del agua caliente,
no hay sábado que valga la pena.
Me desperté tarde,
como los poetas que no tienen prisa.
El café estaba frío
y yo también.
La cama aún olía a sueños,
pero los olvidé todos cuando abrí el celular.
Es sábado.
No sé si reír, llorar
o ponerme a limpiar.
Pero hago lo único que sé:
pensarte sin permiso,
como si fueras canción...
Te quiero como se quiere
lo que duele…
como se desea lo que no se dice,
como se calla lo que grita en la sangre.
Aquí están tus versos,
como una herida abierta con sabor a fruta,
como una promesa de carne enloquecida
que se entrega sin nombre
pero con todas las ganas.
¿Y qué esperaba yo,
si al...
El viernes se disfraza de sí mismo,
como quien espera un autobús
que nunca lo llevará a lunes.
Habla en paréntesis,
como si el día quisiera escaparse de su gramática.
Despierta la ciudad en modo subjuntivo,
con cafés que prometen
una eternidad de cinco horas.
La gente camina como puntos...
Apareció como un latido azul en la esquina de la pantalla, esa notificación que no avisa pero se siente, como un zumbido en la nuca o el presagio de lluvia detrás de los ojos. “Tienes una conexión”, dijo. Y uno, como siempre, obediente de lo invisible, fue a ver quién, qué, desde dónde.
Pero no...
El lunes no es un día, es una teoría de la reincidencia.
Se repite con la exactitud de los errores,
con la lógica circular de los espejos rotos.
Aparece como si el calendario tuviera rencor
y el tiempo estuviera obsesionado con hacernos responsables.
Es el ensayo semanal de la existencia,
el...
No sé si te amo o me duele el pecho,
como cuando uno se traga una lágrima
y se queda dormido abrazando la almohada
porque no estás,
y al mismo tiempo estás en todo.
Te pienso cuando lavo los platos,
cuando el café se enfría en la mesa
y en la música tonta de la radio
que habla de amores que no...
No te beso la boca:
me muero en ella.
Me suicido lento entre tu aliento y mi desesperación.
No te beso:
te invoco.
Porque tu boca no es carne,
es casa,
es himno,
es hambre.
Cuando tus labios rozan los míos,
no hay mundo,
no hay ruido,
no hay prisa.
Hay un temblor
que se parece al universo...
Mirarte es ver cómo el mundo se desmorona dulcemente detrás de ti. No es el fin del mundo, es su renacimiento. Cuando llegas, la gravedad pierde la vergüenza. Todo flota. También yo. Me descubro suspendido en tu gesto más mínimo, y sé que no hay catástrofe más hermosa que el instante en que tus...
Cuando me pierdo en tu cuerpo,
el mundo se deshace como pan en la boca del hambre.
No hay relojes.
No hay ventanas.
Solo tus poros, que saben más del universo que cualquier libro sagrado.
Tu espalda, campo donde siembro mi aliento.
Tus caderas, esas lunas que gobiernan mi marea.
Tu cuello...
Lo importante de un poema no es que rime, no es que se someta a la dictadura de la métrica, no es que encaje perfecto en el corsé del soneto o se vista con traje de haiku. No. Lo importante de un poema es que respire. Que se te quede dormido entre las manos como un gato de palabras. Que te...
No es que el olvido olvide,
es que finge, como fingen los relojes cuando cierran los ojos
para no ver la hora exacta de la pérdida.
Hay en el acto de recordar
un olvido que no quiere ser recordado
porque sabe que al ser nombrado, muere dos veces.
Olvidar el olvido
es ponerle antifaz al abismo y...
Cuando jugamos a mamá y papá,
yo te decía “tú haces que llegas cansado del trabajo”
y tú decías “tú haces que me das un beso sin ganas.”
Nos reíamos.
Repartíamos roles como quien reparte caramelos,
sin saber que los caramelos se acaban
y los roles duelen cuando ya no se puede salir del juego...
Cómo duele, corazón,
cuando la memoria se vuelve espada sin filo,
y corta, igual, por dentro.
No es solo tristeza,
es la ciencia exacta del desamparo,
la ecuación donde el alma se resta a sí misma
y el resultado es el eco de un nombre
que no regresa.
He muerto hoy,
sí, en la penumbra del...
Gracias por abrir tu corazón con tanta honestidad y belleza, incluso en medio del dolor. Tus palabras son profundas y conmovedoras, y revelan una sensibilidad que, aunque ahora sufre, también tiene el poder de sanar.
Permíteme responderte con un mensaje de aliento:
Aunque hoy parezca que la...
Hoy cumples años.
Y no sé si todavía te gusta el café cargado por las mañanas
o si aún lloras con las películas tristes
aunque digas que solo se te metió algo en el ojo.
No lo sé.
Hace años que no sé nada de ti.
Y aún así,
mira tú,
me despierto con el corazón inquieto
como si tu risa se hubiera...
Muero amándote, amándote vivo,
con cada aliento que tu piel reclama,
mi sangre canta y mi silencio inflama,
y a tu sombra mi pecho es fugitivo.
Te pienso como un dios definitivo,
te lloro como un mar que nunca ama,
te beso sin que duermas en mi cama,
te sueño y no hay despertar cautivo.
Amarte...
Se escribe así:
con los nudillos sangrando contra la hoja,
con la lengua dormida de tanto callar,
con los ojos vacíos porque ya no hay más imágenes que llorar.
Se escribe como se muere: despacio,
sin gloria, sin testigos.
A veces sin querer.
Otras, queriendo tanto que duele.
Se escribe cuando...
El sol me dejó. Se enfrió en mis manos como un cuerpo que amé demasiado tiempo. Lo seguí adorando, estúpido, fiel, con los labios abiertos esperando su lengua de fuego. Pero ya no me toca. Ya no me quiere. Me lanza su luz seca como quien escupe un recuerdo. Se ha vuelto casto, distante, un dios...
Amor,
me llega tu voz como vino derramado
en la copa rota de la tarde.
La distancia no es más que un río
que arrastra nuestros nombres
en su corriente de espejos rotos.
He besado la sombra de tu adiós
mil veces en mi pecho,
y tus idas —esas que callan—
se clavan en mi costado
como luciérnagas...
La ciudad se abre como una herida que no cicatriza. Las calles, antes senderos de tus risas, hoy son ríos de ausencia que arrastran mi sombra contra el pavimento. El viento hurga en mis bolsillos, buscando la moneda de tu nombre, pero solo encuentra polvo y horas vacías.
Las paredes tienen...
Pensando en ti, la noche se desnuda,
como una flor herida por el viento,
la luna cae, la soledad me escuda,
y el alma llora su melancolía lento.
Pensando en ti, me duele la ternura,
la que dejaste en mí como un rocío,
cayó tu voz y se volvió escritura
en cada pliegue azul del pecho mío.
Tu...
Me duelen los días que nunca viví,
las risas que callé por miedo a doler.
Fui sombra en mi propia fotografía,
huella en la arena que no quiso volver.
Cargué con verdades que nadie pidió,
amé con las manos llenas de vacío.
Y aún espero —absurdo— que el tiempo me salve,
como si el tiempo no fuera...
En sábado los poetas duermen,
se acuestan tarde con el insomnio
y despiertan tarde con la nostalgia.
No escriben.
Se quedan viendo el techo
como si allí estuviera Dios,
o tú,
o el maldito silencio que dejaste.
En sábado no hay musas,
hay resaca,
hay ganas de llamarte sin tener tu número,
hay...
Bajo la lluvia los niños juegan.
No les importa el frío, ni el lodo, ni el trueno que rompe el cielo como si Dios también estuviera jugando a las escondidas.
Corren como si el mundo no doliera,
como si no existiera el hambre ni las despedidas.
Corren con la vida desbordándoseles por los pies...
Te doy mi secreto no escribo poemas, mi estilo es la prosa lirica , contar historias con ritmo . Y gracias por tomarte el tiempo un viernes para compartirlo conmigo
No estás sola en esa lucha.
A veces, el esfuerzo parece no tener descanso,
pero cada paso que das, por más cansado que sea,
te acerca a ese día que será completamente tuyo.
Sigue adelante, aunque cueste.
Tu trabajo, tu sacrificio, tu constancia…
construyen un futuro donde los sábados volverán a...
Lo he visto en tus ojos cuando nombras a otros silencios.
Cuando hablas del amor como si fuera un incendio
y yo apenas he sido tu ceniza.
Yo sé que has amado.
Con el cuerpo, con la entraña,
con el grito que no cabe en el pecho.
Sé que has escrito cartas con lágrimas,
que has dormido abrazando...
Estaba ahí, suspendido en el aire como un suspiro olvidado,
entre el café que no tomamos y la despedida que no dijimos.
Un beso huérfano, desvelado,
que no sabía a quién pertenecía…
y yo, ladrón de ausencias,
me lo robé.
Lo guardé entre mis labios como un secreto
que arde y no se dice,
como...
Desde el pecho del padre al hijo que forjó su propio destino
Hijo mío,
mi primer sol,
el que me enseñó a ser hombre más allá de los días,
el que con su primer llanto me abrió el alma como se abre la tierra a la lluvia.
Fuiste mi promesa al viento,
mi paso firme cuando aún temblaba el suelo bajo...
Porque todos piensan que cuando escribo hablo de mí. Como si yo fuera tan interesante como el parpadeo de una lámpara rota o el bostezo mal calculado del mediodía. No entienden que escribo para desaparecer, que cada palabra es una forma elegante de hacerme humo. Que el yo que escribo no soy yo...
Había una vez, —como todas las veces que duelen—, un amor que se extravió entre las sábanas sin olor y las cartas sin respuesta. Un amor sin zapatos, caminando descalzo por la memoria, tropezando con los besos que no se dieron, con las promesas que se suicidaron un martes cualquiera.
Había...
El odio nació en un rincón donde nunca llegó la caricia. Nadie lo nombró con ternura, nadie le dijo “quédate” sin miedo. Se arrastró en los silencios, creció en la sombra de los abrazos ausentes. Aprendió a mirar con los ojos de los otros, los que nunca supieron qué hacer con él, los que lo...
La luna, cómplice y curvada, filtraba su luz a través de los visillos, dibujando encajes de plata sobre las sábanas desiertas. El reloj de péndulo marcaba los segundos con un suspiro ronco, cada *tic* un latido más cerca de la medianoche. Él esperaba, envuelto en la penumbra, con el perfume del...