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De mentiras estaba hecho todo,
de mentiras bien ciertas.
Los besos que nos dábamos,
sus piernas abiertas,
el sabor de su sudor
recorrido por mi lengua.
Fingimos casi todo,
menos los orgasmos,
que ella, sin serlo, era mía,
que yo, sin serlo, le pertenecía.
Nos mentimos toda la noche,
nos metimos a sabiendas
de que el alba vendría
a violar nuestra tregua.
Y, cuando se hizo de día,
ella se fue, a saber dónde iría,
y yo me quedé,
con nuestra dulce mentira.
Gran placer la lectura de tu interesante escrito. Saludos
 

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