ojicafes
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la hora del té.
Con esa exactitud tan característica de la ciencia, el reloj hilaba con la aguja el telar de araña,
era una maraña la pocilga de Pitufácio, ni las cucarachas querían estar, rasurado el bigote no sentían el olor, se las ingeniaba para sacarles provecho, le servían de látigo así las mantenía a raya.
Agitando las colas las ratas se batían en duelo. Insensible al hedor descuartizaba las pulgas,
su alimento de una semana. La mañana helada quemaba las sobras, lamia las roscas con empuñaduras de huesos, ¡que rico postre!
Seis campanadas a la hora de dormir, el té hasta derramar su boca putrefacta,
abierta, no sentía el hormigueo, sus feromonas advertían del banquete la colonia.
Me voy a dormir..mmmmm...