Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Enola gay emigra
en la reversa v alada.
El ocaso,
desde el útero
gotea en la naranja.
Cabalgan en la sierra
cuatro sellos rotos.
El cósmico gusano,
detrae gravitatorio
a la bombilla de Picasso;
se despide, conflagrando
en el millón de megatones.
El mar mediterráneo
es la corona de un lavabo;
expurga en él, la noche
la penumbra de sus manos.
El mundo ahora
es páramo en la mitad
de una esfera.
Su voz, es un cansado
recitar de las almohadas.
Yo surco ondulaciones
sobre fósiles crisálidas.
Escucho el estertor;
el metálico oleaje,
y el motor del automóvil
combustido como espuma...
La nada... Y a veces, tú,
te viertes en la
carne que vigía
te reclama.
Eres postapocalípsis.
Un péndulo oscilante
sobre la paz posguerra.
El grifo lácteo
del reloj de nebulosas
y coloso espacio.
El charco de los cuadros
del pañuelo melancólico.
Lúnatica esperanza;
noctámbulos,
que abrazan su mirada
de tenebroso espejo.
Soy bajo los párpados
un torso inflamado.
Ebrio de beber
de la cornisa de mis ojos.
Hambre en temporales;
que de tus nubes preñadas,
cae desde la cumbre
suicidándose en los saltos.
Hoy, te prenderé,
como un espectro de insomnio
en la hebras
del tabaco que inhalo.
Voy a vencerme en tu regazo
de placentero abandono.
Mañana es el alba;
otro Armagedón.
De nuevo,
la plaga de los bípedos
miriápodos,
despertará por las abiertas
puertas del Hades.
La viuda azul,
enredará en tirana seda;
en la hora laboriosa
la masa condenada.
Empezarán, la vida
y las preocupaciones vanas...
en la reversa v alada.
El ocaso,
desde el útero
gotea en la naranja.
Cabalgan en la sierra
cuatro sellos rotos.
El cósmico gusano,
detrae gravitatorio
a la bombilla de Picasso;
se despide, conflagrando
en el millón de megatones.
El mar mediterráneo
es la corona de un lavabo;
expurga en él, la noche
la penumbra de sus manos.
El mundo ahora
es páramo en la mitad
de una esfera.
Su voz, es un cansado
recitar de las almohadas.
Yo surco ondulaciones
sobre fósiles crisálidas.
Escucho el estertor;
el metálico oleaje,
y el motor del automóvil
combustido como espuma...
La nada... Y a veces, tú,
te viertes en la
carne que vigía
te reclama.
Eres postapocalípsis.
Un péndulo oscilante
sobre la paz posguerra.
El grifo lácteo
del reloj de nebulosas
y coloso espacio.
El charco de los cuadros
del pañuelo melancólico.
Lúnatica esperanza;
noctámbulos,
que abrazan su mirada
de tenebroso espejo.
Soy bajo los párpados
un torso inflamado.
Ebrio de beber
de la cornisa de mis ojos.
Hambre en temporales;
que de tus nubes preñadas,
cae desde la cumbre
suicidándose en los saltos.
Hoy, te prenderé,
como un espectro de insomnio
en la hebras
del tabaco que inhalo.
Voy a vencerme en tu regazo
de placentero abandono.
Mañana es el alba;
otro Armagedón.
De nuevo,
la plaga de los bípedos
miriápodos,
despertará por las abiertas
puertas del Hades.
La viuda azul,
enredará en tirana seda;
en la hora laboriosa
la masa condenada.
Empezarán, la vida
y las preocupaciones vanas...
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