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Sonriendo...
El colmo para la copetuda, la especialidad ¡pescado!, nos sirvieron una crema de mariscos que la vieja no quiso probar, muy caliente, debíamos chupar fuerte para poderla tomar produciendo un sonido como de freno de bicicleta, ella abría y cerraba los ojos como bengalas en navidad, sin más retraso llego el plato principal.
- ¡Sale una lisa frita!
Grita el cocinero sonrientemente desdentado y despeinado, perdón desdentado no, tenía solo dos muy grandes pero tenía dientes.
- ¡Pa´ca pa´ca dice el joven hambriento!
- Apúrate con lo nuestro dicen otros al costado!
- ¡Salen tres torpedos!
Un enorme plato con pescado relleno con huevas y verduras, bañado de una deliciosa salsa y como contorno arroz blanco, ensalada de vegetales crudos, tajadas de plátano y queso.
- ¡Vengase! - ¡Aquííí aquí! - ¡Pa´mí, aja así!
Y la copetuda esperando su cordon blue relleno de camarones, dirigiéndose al mesonero dice:
-Me trae suficientes servilletas por favorrr.
El mesonero, negrito, muy limpio, bien vestido y lisonjero responde.
- ¡Poool supuesto mi amol!
Copetuda -No sea confianzudo que yo no soy su amor.
Mesonero- ¡Peeeldón corazón yo no quise oféndela más bien halágala pol su elegante presencial!
No comimos, no, engullimos aquel paradisíaco plato, abandonando los utensilios nos fuimos a pie como se dice en criollo, chupando los dedos hasta el codo. El gordo Glotón ahogándose con la comida en la boca decía:
- Dame lo que dejéis si es que no lo queréis.
La vieja copetuda daba recomendaciones en vano:
- Esos no son buenos modales de unos comensales de la ciudad ¡¡control por favorrr…con - trol !!
Soplando su sofoco con un abanico de mano, le dio un golpe seco al cordon blue y al guarapo de papelón con limón ¡un milagro ocurrió!, los camarones volaron, las gallinas, el gallo y los pollitos naufragaron, el perro maulló y el gato ladro. Todo fue una confusión en la que los comensales como salvavidas protegieron sus platos y con la boca llena decían a medio entender:
¿Qué pajoooo…..que pajoooo?
¿Oooonnnndeee ta´la vieja?
Mientras la copetuda en la arena buceaba pues los tacones se fueron a fondo en la arena, pero no al mismo tiempo, la socorrieron el cocinero y el mesonero intentando jalarla a diferentes lados, pero la doña no se dejaba pues creía que la estaban atracando.
- ¡Suéltenme vagabundos, vayan a trabajar y gánense lo suyo!
Sacudiéndose la arena de su laqueada cabellera quedó cuál gallina turuleta.
- ¡Vayámonos no soporto este calor, tampoco de los animales ese olor!
Despidiéndose, los demás por el excelente servicio, muy agradecido el gordo Glotón alababa la comida y una pregunta:
- ¿Ya arreglaron el baño? La última vez que vine al lavarme las manos me cayó el agua en los pies pues no tenía tubería de desagüe y la gente me decía ¡hasta que ya te measte!
JA JA JA JA irrumpió en unas carcajadas el mesonero que también es dueño:
- Pol supuesto le pusimos una manguerita que aunque está muy usada lleva el agua hasta las matas y también porcelanato que me lo vendieron barato.
Copetuda -¿PORCELANATO? No sea embustero aquí solo hay arena y el camino seco.
Glotón - Ese ha sido su éxito, ¡la excelente atención y conservar el lugar al natural!
Mesonero – Si señol, así lo hemos creído, aquí han venido muchas pelsonalidades que ustedes no imaginan, hasta una vez llego el difunto Chávez y creímos nos iba a expropiar, y lo que vino fue a probar nuestras exquisiteces que con orgullo le servimos.
JA JA JA JA JA todos rieron al unísono menos la copetuda que con voz arrogante le grito exuberante:
- ¡No nombre a ese mmmdito… Negro del carajo!
El negrito mesonero en un jocoso salto atrás grito sorprendido:
¿Cómo? Resulto opositora la gallina turuleta, no se ponga así si yo nomas contaba, ha peldido usted su elegancia con su falta de hyh.
Copetuda - ¿Qué disparate es ese?, no sabe ni lo que dice por su falta de estudios, acostumbrado entre animales que más se puede esperar.
Mesonero- Fui poco a la escuela y ahí no me dieron hyh el monte es mi lugar y los animales mis compadres aquí reina el hyh que usted no ha podido capitalizar.
Copetuda -Diga de una vez que vulgaridad es esa.
Mesonero- Apóyese en mi brazo que yo la acompaño a su carruaje pa´que no se vaya a cael otra vez mientras yo le digo que es el hyh.
Con el auto ya encendido y cerrándole la puerta, la mirada fija en los ojos de la vieja y con el índice derecho apuntando su cien con gesto de recordatorio le dijo:
Nunca olvide estas dos palabras juntas mi doña; humildad y humanidad, regrese que aquí la espero con honestidad y hermandad.
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