A veces siento que hay de soledades a soledades,
de distancias que se unen por querencias del amor,
y se desunen como las hojas que se lleva el viento,
envolviéndolas en tormentas de tristeza y de clamor.
Los sentimientos tentadores naufragan
ante quien imparte la justicia a fuerza de restituir el daño.
Su estatura crece en los campos de los estudios que indagan
y germinan en la medida de la libertad que él mismo se ofrezca.
De la certidumbre que genere cuando amanezca
y de la certeza con que exprese la palabra que enaltezca.
Ante el límite fino que se da entre el día, la noche y la razón,
el pensamiento traza una línea delgada ante el corazón,
y es el juzgador el que expande la conciencia
de la justicia para elevarla a la altura de su circunstancia.
A veces siento que hay de soledad a soledad,
y la del juzgador cuando está determinando, es tan profunda
como los mismos hoyos negros del universo, insondables.
Su decisión nuevamente será el darle vida al árbol en desgracia.
de distancias que se unen por querencias del amor,
y se desunen como las hojas que se lleva el viento,
envolviéndolas en tormentas de tristeza y de clamor.
Los sentimientos tentadores naufragan
ante quien imparte la justicia a fuerza de restituir el daño.
Su estatura crece en los campos de los estudios que indagan
y germinan en la medida de la libertad que él mismo se ofrezca.
De la certidumbre que genere cuando amanezca
y de la certeza con que exprese la palabra que enaltezca.
Ante el límite fino que se da entre el día, la noche y la razón,
el pensamiento traza una línea delgada ante el corazón,
y es el juzgador el que expande la conciencia
de la justicia para elevarla a la altura de su circunstancia.
A veces siento que hay de soledad a soledad,
y la del juzgador cuando está determinando, es tan profunda
como los mismos hoyos negros del universo, insondables.
Su decisión nuevamente será el darle vida al árbol en desgracia.
Ser juez entonces es un privilegio.
Es una responsabilidad que se lleva de por vida.
Es un honor por el que los laureles reverdecen.
Es un galardón luminoso que se merecen
cuando en cada una de sus sentencias,
la ley orienta en las desavenencias.
Aquel que imparte la justicia es un enviado
que lleva alivio y esperanza al más agraviado,
y que comparte en la encrucijada con el destino,
las decisiones que se toman en silencio por el camino.
Quien imparte la justicia es un elegido,
pues es el ser de la balanza sabido,
pero más allá de las batallas que a diario se gestan,
en él hay sensibilidad, humildad y buen sentido,
porque antes de ser Abogado,
antes de ser Juez,
antes de ser Magistrado,
tuvo que haberse graduado
en la universidad de la vida
para obtener el título más honroso
y único: el de ser un Humano Armonioso,
con errores es cierto, con aciertos sin duda,
pero siempre enarbolando los anhelos de la justicia.
Es una responsabilidad que se lleva de por vida.
Es un honor por el que los laureles reverdecen.
Es un galardón luminoso que se merecen
cuando en cada una de sus sentencias,
la ley orienta en las desavenencias.
Aquel que imparte la justicia es un enviado
que lleva alivio y esperanza al más agraviado,
y que comparte en la encrucijada con el destino,
las decisiones que se toman en silencio por el camino.
Quien imparte la justicia es un elegido,
pues es el ser de la balanza sabido,
pero más allá de las batallas que a diario se gestan,
en él hay sensibilidad, humildad y buen sentido,
porque antes de ser Abogado,
antes de ser Juez,
antes de ser Magistrado,
tuvo que haberse graduado
en la universidad de la vida
para obtener el título más honroso
y único: el de ser un Humano Armonioso,
con errores es cierto, con aciertos sin duda,
pero siempre enarbolando los anhelos de la justicia.
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