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A los que imparten justica

Luis Rayo

Poeta fiel al portal

A veces siento que hay de soledades a soledades,
de distancias que se unen por querencias del amor,
y se desunen como las hojas que se lleva el viento,
envolviéndolas en tormentas de tristeza y de clamor.

Los sentimientos tentadores naufragan
ante quien imparte la justicia a fuerza de restituir el daño.
Su estatura crece en los campos de los estudios que indagan
y germinan en la medida de la libertad que él mismo se ofrezca.
De la certidumbre que genere cuando amanezca
y de la certeza con que exprese la palabra que enaltezca.

Ante el límite fino que se da entre el día, la noche y la razón,
el pensamiento traza una línea delgada ante el corazón,
y es el juzgador el que expande la conciencia
de la justicia para elevarla a la altura de su circunstancia.

A veces siento que hay de soledad a soledad,
y la del juzgador cuando está determinando, es tan profunda
como los mismos hoyos negros del universo, insondables.
Su decisión nuevamente será el darle vida al árbol en desgracia.



Ser juez entonces es un privilegio.
Es una responsabilidad que se lleva de por vida.
Es un honor por el que los laureles reverdecen.
Es un galardón luminoso que se merecen
cuando en cada una de sus sentencias,
la ley orienta en las desavenencias.

Aquel que imparte la justicia es un enviado
que lleva alivio y esperanza al más agraviado,
y que comparte en la encrucijada con el destino,
las decisiones que se toman en silencio por el camino.

Quien imparte la justicia es un elegido,
pues es el ser de la balanza sabido,
pero más allá de las batallas que a diario se gestan,
en él hay sensibilidad, humildad y buen sentido,
porque antes de ser Abogado,
antes de ser Juez,
antes de ser Magistrado,
tuvo que haberse graduado
en la universidad de la vida
para obtener el título más honroso
y único: el de ser un Humano Armonioso,
con errores es cierto, con aciertos sin duda,
pero siempre enarbolando los anhelos de la justicia.

















 
Última edición:

A veces siento que hay de soledad a soledades,
de distancias que se unen por querencias de la vida,
y se desunen por conflictos de voracidad humana
que se envuelven en tormentas en plena aurora de la mañana,
y se arrastran odiándose para siempre bajo las tempestades.

Los sentimientos tentadores no pueden ir de la mano
del que imparte la justicia a fuer de restituir el daño.
Su estatura crece en los soleados campos del estudio y la reflexión
y germina en la medida de la libertad que él mismo se ofrezca.
De la certidumbre que genere cuando amanezca.
Y de la certeza con que se exprese en momentos de definición.

Y ante los límites finos y delgados
que existen entre el corazón y la razón de ser,
que no de la conveniencia que envilece la conciencia,
el que ejerce la justicia se eleva por encima de las montañas.

A veces siento que hay de soledad a soledades,
y la del juzgador cuando determina, es tan profunda
como los mismos hoyos negros del universo, insondable.
Su decisión nuevamente será el darle vida al árbol en desgracia.

Ser juez entonces es un privilegio.
Es una responsabilidad que se lleva de por vida.
Es un honor por el que los laureles reverdecen.
Es un galardón luminoso que se lleva en el pecho
cuando en cada una de sus sentencias,
ha convocado a la ley que orienta en las desavenencias.

Ser alguien que imparte la justicia es un enviado
que lleva alivio y esperanza al más agraviado,
y que comparte en la encrucijada con el destino,
las decisiones que se toman en silencio por el camino.

Quien imparte la justicia es un elegido,
pues es el ser de la balanza,
pero más allá de las batallas que a diario se gestan,
en él hay sensibilidad, visión y humildad,
porque antes de ser Abogado,
antes de ser Juez,
antes de ser Magistrado,
tuvieron que haberse graduado
en la universidad de la vida
para obtener el título más honroso y único:
el de ser un Humano Armonioso,
con errores es cierto, con aciertos sin duda,
pero siempre enarbolando los anhelos de la justicia.











Buen escrito has hecho pera esas personas que imponen justicia, son muchos los que la aplican con consciencia pero lamentablemente también hay quien se desvían de sus obligaciones y son inmunes de sus actos realizados, nada se puede hacer contra ellos y si no a casos recientes me remito, ha sido un placer leerlo, abrazos y estrellas, Ricardo.
 
Gracias estimado amigo poeta por tu comentario, coincido contigo plenamente. Cuando leía por primera vez tus palabras me hiciste pensar muchas cosas y sin duda te dí la razón. En este sentido, este escrito irá a unos cuantos, espero equivocarme, y seguir pensando que pueden ser muchos más. Un saludo.
 
Tus palabras Antonio también me hicieron reflexionar, pues este escrito seguramente encontrá eco en los muy pocos que todavía tienen esperanza, como yo, en que se pueden superar muchos aspectos del ser humano para hacer de nuestro mundo algo mejor. Un saludo y un agradecimiento por haberlo leído.
 

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