Pues sí. Eso mismo es.
Yo debí pensar en mi mente infantil: tanto decirme que hay que cuidar a todos los animalitos, criaturitas de Dios y ahora me traen a ver como machacan a este toro sin venir a cuento. ¿Y yo qué he hecho para merecer esto?
Salvando muchísimo las distancias, porque no tiene nada que ver, esto me recuerda que el Domingo de Resurrección sale una procesión en la que va un demonio muy negro y muy feo y con la lengua roja, encadenado entre dos angelitos (dos niñas vestidas de primera comunión), y todos los padres le dejan a sus bebés para que los coja en brazos mientras les hacen fotos. ¿Tú sabes cómo berrean las crituritas, espantadísimas, que yo no sé cómo no les da un ataque al corazoncito ese pequeño que tienen, latiendo que amenaza con salírseles por la boca?
Y siempre me pregunto ¿No son conscientes los padres del trauma que puede suponer para un niñito pequeño que lo obliguen a estar en brazos de una monstruosidad que los aterra, mientras ellos se ríen muy divertidos y sacan fotos de su hijo martirizado?
Aquí no hay sangre, por eso digo que no es lo mismo, pero hay crueldad para con los propios hijos.
Son cosas que no puedo entender.
Menos mal que a mí no me hicieron foto con el demonio.
Y después de todas estas disquisiciones bizantinas te agradezco llanamente que hayas dejado tu comentario.
Abrazos.