El descubrimiento es un don de las mariposas.
Porque vive breve en el éxtasis,
se columpia en la luz
y escribe letras
en la últimas nubes del azar.
Quiero la magia que sigue aquí,
quiero cada segundo de abracadabra
en mi piel incandescente,
quiero la burbuja que destruye el miedo
y crea la flor de la ilusión
en mi sonrisa.
Hablo desde la cruz insomne de la edad
cuando el tiempo no muta
y es como una gota eternamente caída
sobre los días pares,
la palabra que perdió el asombro,
la estolidez de los minutos
que ya no viajan
ni parpadean
ni escuchan
el grito de los pájaros
cuando alzan su corazón al cielo.
Quiera la aguja de las horas
formar un meteoro en las cornisas,
que lo vean mis ojos ajados
en perpetua plenitud,
que la memoria no sea
el liquen amargo de la perdida
sino la primavera eterna
de un recuerdo altivo.
Porque vive breve en el éxtasis,
se columpia en la luz
y escribe letras
en la últimas nubes del azar.
Quiero la magia que sigue aquí,
quiero cada segundo de abracadabra
en mi piel incandescente,
quiero la burbuja que destruye el miedo
y crea la flor de la ilusión
en mi sonrisa.
Hablo desde la cruz insomne de la edad
cuando el tiempo no muta
y es como una gota eternamente caída
sobre los días pares,
la palabra que perdió el asombro,
la estolidez de los minutos
que ya no viajan
ni parpadean
ni escuchan
el grito de los pájaros
cuando alzan su corazón al cielo.
Quiera la aguja de las horas
formar un meteoro en las cornisas,
que lo vean mis ojos ajados
en perpetua plenitud,
que la memoria no sea
el liquen amargo de la perdida
sino la primavera eterna
de un recuerdo altivo.
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