A mirarnos el corazón


No era inadmisible

que juguemos a dolernos,

ella arrojando su corazón contra mi frente,

yo pateando el orgullo a su patio

para entrar un rato a verla,

aunque sea por la ventana.


Nadie nos quitaba

esa puta manía

de mirarnos los derrumbes,

inmutados,

enhiestos sobre la tristeza

de pulverizarnos los huesos.


Todos estaban en desacuerdo

con nuestros pleitos,

nadie quería vernos

el alma derretida,

cayendo por los ojos

al calor de nuestra ira.

Pero no nos interesaba en absoluto,

ella caía tras mis disparos

y yo pisaba su cuerpo minado.


Pero aun en el polvo

y el ruido

y los gritos de piedad

podíamos vernos el corazón

y eso era lo único

que valía ver

en medio de la guerra.
 
No era inadmisible

que juguemos a dolernos,

ella arrojando su corazón contra mi frente,

yo pateando el orgullo a su patio

para entrar un rato a verla,

aunque sea por la ventana.


Nadie nos quitaba

esa puta manía

de mirarnos los derrumbes,

inmutados,

enhiestos sobre la tristeza

de pulverizarnos los huesos.


Todos estaban en desacuerdo

con nuestros pleitos,

nadie quería vernos

el alma derretida,

cayendo por los ojos

al calor de nuestra ira.

Pero no nos interesaba en absoluto,

ella caía tras mis disparos

y yo pisaba su cuerpo minado.


Pero aun en el polvo

y el ruido

y los gritos de piedad

podíamos vernos el corazón

y eso era lo único

que valía ver

en medio de la guerra.
Pienso que real como la vida misma, hay amores que matan pero que nunca mueren, Me gustó mucho amigo Marcelo. Paco.
 
No era inadmisible

que juguemos a dolernos,

ella arrojando su corazón contra mi frente,

yo pateando el orgullo a su patio

para entrar un rato a verla,

aunque sea por la ventana.


Nadie nos quitaba

esa puta manía

de mirarnos los derrumbes,

inmutados,

enhiestos sobre la tristeza

de pulverizarnos los huesos.


Todos estaban en desacuerdo

con nuestros pleitos,

nadie quería vernos

el alma derretida,

cayendo por los ojos

al calor de nuestra ira.

Pero no nos interesaba en absoluto,

ella caía tras mis disparos

y yo pisaba su cuerpo minado.


Pero aun en el polvo

y el ruido

y los gritos de piedad

podíamos vernos el corazón

y eso era lo único

que valía ver

en medio de la guerra.
gran anécdota que plamas y das a conocer aquel amor que te marcó.. saludos
 

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