Jhon Barros
Poeta adicto al portal
Disculpe usted que le escriba, pero soy de aquellos que aún creen en las cartas; que las letras llevan escondidos mensajes que desbordan del alma. Y no piense que lo hago con el afán de esperar algo de usted, no se equivoque: lo hago porque no dejo de pensar en usted.
Así que esta carta me permite desahogar el cúmulo de sentimientos que usted me provoca. Y no se sienta agobiada por lo que pueda causar: usted es hermosa, y eso… derecho le da. Yo soy un artista que no se cansa de mirar, y usted es el paisaje que, en silencio, quisiera pintar.
Usted hace que las letras tomen vida y se ordenen para formar frases que nunca antes había escrito; me convierte en un aprendiz de poeta que escribe a hurtadillas para que nadie lo vea, y que espera que usted sonría y suspire cuando las lea.
Usted hace que el tiempo me mienta, para así poder esperar ese día anhelado en que pueda tocarla; aunque no puedo negarle que a veces caigo en la desesperación y quisiera salir a buscarla sin ninguna precaución…
Bueno, esta carta tiene que terminar. Y todo lo dicho tiene su valor. Sepa usted que le escribe un admirador: de las curvas de sus labios, de la profundidad de su mirada y de la belleza que transmite su rostro.
Así que esta carta me permite desahogar el cúmulo de sentimientos que usted me provoca. Y no se sienta agobiada por lo que pueda causar: usted es hermosa, y eso… derecho le da. Yo soy un artista que no se cansa de mirar, y usted es el paisaje que, en silencio, quisiera pintar.
Usted hace que las letras tomen vida y se ordenen para formar frases que nunca antes había escrito; me convierte en un aprendiz de poeta que escribe a hurtadillas para que nadie lo vea, y que espera que usted sonría y suspire cuando las lea.
Usted hace que el tiempo me mienta, para así poder esperar ese día anhelado en que pueda tocarla; aunque no puedo negarle que a veces caigo en la desesperación y quisiera salir a buscarla sin ninguna precaución…
Bueno, esta carta tiene que terminar. Y todo lo dicho tiene su valor. Sepa usted que le escribe un admirador: de las curvas de sus labios, de la profundidad de su mirada y de la belleza que transmite su rostro.