marquelo
Negrito villero
Fue cuando te dejaste caer por partes. La noche no terminaba
de embocarse en tu boca.
Y mi pie ahogo toda amonestación de tardanza.
Llegué dejando salir todo el avispero de mi boca.
El encuentro fue un copia y pega de retazos de tiempo:
de oídas el viento trajo el olor de las campanas
la baba infantil que pretendió ser semilla de fantasía y fue solo sello de pandemónium
El ajuar de la desnudez temprana y los etcéteras en cintas de regalo.
Te tome a trozos de aire:
tu brazo se dejaba ver en una ventana invisible
aquél hoyo que dejan los espejos era el escabel de tus tallos
dónde tus zapatos eran una firma.
De tu rostro tome toda el agua hasta saciarme.
No rebusqué nada más en mis ojos.
Pero había una entrada de soldado viejo. Una impronta
de todos mis suicidios apretándome la mano.
Expliqué. Me colgué de unas palabras del firmamento. Pero caí.
De tus brazos caí como una piedra que impide al río ser río
y que solo quiere que sea garganta que grita. Ese fue todo el silencio
que dejé en tus manos.
Quisiste calentar el perdón. No pudiste.
Mi espalda era ya otra puerta que no podías cruzar.
A veces el hombre habla y el amor vence
A veces se adereza el silencio y algo lo enfría y el amor no lo quiere...
de embocarse en tu boca.
Y mi pie ahogo toda amonestación de tardanza.
Llegué dejando salir todo el avispero de mi boca.
El encuentro fue un copia y pega de retazos de tiempo:
de oídas el viento trajo el olor de las campanas
la baba infantil que pretendió ser semilla de fantasía y fue solo sello de pandemónium
El ajuar de la desnudez temprana y los etcéteras en cintas de regalo.
Te tome a trozos de aire:
tu brazo se dejaba ver en una ventana invisible
aquél hoyo que dejan los espejos era el escabel de tus tallos
dónde tus zapatos eran una firma.
De tu rostro tome toda el agua hasta saciarme.
No rebusqué nada más en mis ojos.
Pero había una entrada de soldado viejo. Una impronta
de todos mis suicidios apretándome la mano.
Expliqué. Me colgué de unas palabras del firmamento. Pero caí.
De tus brazos caí como una piedra que impide al río ser río
y que solo quiere que sea garganta que grita. Ese fue todo el silencio
que dejé en tus manos.
Quisiste calentar el perdón. No pudiste.
Mi espalda era ya otra puerta que no podías cruzar.
A veces el hombre habla y el amor vence
A veces se adereza el silencio y algo lo enfría y el amor no lo quiere...
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