Camy
Camelia Miranda
En el pretil del horizonte,
emerge incandescente…
el sol,
entibiando un copo níveo
en el verde del almendro.
Y se cae una gota de las pupilas
hasta la escarcha en las raíces;
en esa blanquecina,
que se orilla en la corriente,
en la brisa,
que una vez fue primavera.
hasta la escarcha en las raíces;
en esa blanquecina,
que se orilla en la corriente,
en la brisa,
que una vez fue primavera.
Destellan los tejados,
derramando blancos mechones…
la nieve,
deshojando un milagro
en el alero de la mirada.
Y se suben los carmines a las mejillas,
al soplo áureo de los cristales;
en el mediodía,
que abriga mieles en las cimas,
en los leños,
que arden sin medida con la blancura.
al soplo áureo de los cristales;
en el mediodía,
que abriga mieles en las cimas,
en los leños,
que arden sin medida con la blancura.
en aguas del lago plateado…
la luna,
acunando luceros
en la arista boreal.
Y reposa en silencio la nevada,
al borde de las ventanas;
en la tonada,
que arrima la noche,
en los besos,
que se dibujan como gotas de rocío.
al borde de las ventanas;
en la tonada,
que arrima la noche,
en los besos,
que se dibujan como gotas de rocío.