León_es
...no soy poeta, solo escribo...
Aquel que en la tiniebla fue orejudo,
de la escuela del soplo y la celada,
hoy vende por hermandad la puñalada
y viste de pariente el rostro mudo.
Ansía el campo ajeno, el suelo extraño,
que nunca conoció su herencia antigua;
y en su ambición, que el orbe santigua,
pretende anexionar nuestro desengaño.
¡Mirad al redentor de la mancebía!
Ese que en el portal, ya envilecido,
se finge de los cielos el ungido
para ocultar su negra clerecía.
¡Oh, esperpento de sebo y de peluca!,
con gestos de rabieta y de pañales,
que enseña ingenuas doctrinales
mientras el seso al mundo le machuca.
Dicen, que "liberó a mi propia tierra”,
más fue favor de ricos mercaderes,
catedráticos son de los deberes
que impone el tirano que se emperra
Es un títere flojo, un espantajo,
que ruge si la esfera no le rueda,
o si el amigo el paso no le ceda
en el juego del pillaje y el relajo.
Más no sabe el cobarde, en su porfía,
que no irá al campo donde el hierro suena,
que su alma, de soberbia siempre llena,
no aguanta un solo embate de hombría.
Goza, tiranuelo, tu hora incierta,
pues el destino, que no duerme ni olvida,
te tiene preparada la caída
cuando el desengaño llame a tu puerta.
¡Vaya¡, yo, que lo he escrito, casi no lo entiendo por emular el estilo de Francisco de Quevedo y Villegas
de la escuela del soplo y la celada,
hoy vende por hermandad la puñalada
y viste de pariente el rostro mudo.
Ansía el campo ajeno, el suelo extraño,
que nunca conoció su herencia antigua;
y en su ambición, que el orbe santigua,
pretende anexionar nuestro desengaño.
¡Mirad al redentor de la mancebía!
Ese que en el portal, ya envilecido,
se finge de los cielos el ungido
para ocultar su negra clerecía.
¡Oh, esperpento de sebo y de peluca!,
con gestos de rabieta y de pañales,
que enseña ingenuas doctrinales
mientras el seso al mundo le machuca.
Dicen, que "liberó a mi propia tierra”,
más fue favor de ricos mercaderes,
catedráticos son de los deberes
que impone el tirano que se emperra
Es un títere flojo, un espantajo,
que ruge si la esfera no le rueda,
o si el amigo el paso no le ceda
en el juego del pillaje y el relajo.
Más no sabe el cobarde, en su porfía,
que no irá al campo donde el hierro suena,
que su alma, de soberbia siempre llena,
no aguanta un solo embate de hombría.
Goza, tiranuelo, tu hora incierta,
pues el destino, que no duerme ni olvida,
te tiene preparada la caída
cuando el desengaño llame a tu puerta.
¡Vaya¡, yo, que lo he escrito, casi no lo entiendo por emular el estilo de Francisco de Quevedo y Villegas