ALARMA CARMESÍ
¡Alarma carmesí!
La fruta sangra con el fragor del vuelo
y mis distancias se prolongan en el espejo de un beso.
He de olvidar mi rústica procedencia y mirar lejos
al otro lado del mar donde son más rojos los corales.
Las águilas planean en un extraño lenguaje
y sobre los campos apenas son blandos gusanos
tal vez circunvoluciones de algún preclaro cerebro.
El misterio del águila huída de su heráldica estirpe.
Piedras que no son blasones
ni siquiera refugio de los lagartos dormidos.
Piedras de mi origen o canciones del silencio.
Nací en un mundo de piedras
que un día, como yo, sólo serán arenas
y tejeremos entonces al unísono
los más hermosos desiertos.
Ciudad ruina en la ruina
escombro de los escombros que un día fueron hielo.
En la planicie exigua donde el mar dibuja ritmos
se alzaron alguna vez suntuosos edificios.
Embellecidos movimientos de caderas sinuosas
felinas invitaciones al preludio del amor
tenantes madreselvas de ecuaciones imposibles.
Las mulatas eran carne y yacían junto a nosotros.
Ciudades de la medianoche
que esperan sus madrugadas
trazos oblicuos que buscan temblorosos
los nortes en viejos mapas.
La ciudad y su desierto
Las arenas que seré junto a rocas iluminadas.
Ilust.: Joel Rea. “Fuerzas”.
¡Alarma carmesí!
La fruta sangra con el fragor del vuelo
y mis distancias se prolongan en el espejo de un beso.
Tu beso, mi beso, la réplica fecundante del deseo
como triángulos escalenos
que giran dibujando elipses
o cónicas advertencias de lo pasajero.
como triángulos escalenos
que giran dibujando elipses
o cónicas advertencias de lo pasajero.
(La grácil geometría de la cara interna de tus muslos
ese lugar tibio y recóndito
refugio de versos y alegrías sabatinas.)
ese lugar tibio y recóndito
refugio de versos y alegrías sabatinas.)
He de olvidar mi rústica procedencia y mirar lejos
al otro lado del mar donde son más rojos los corales.
Las águilas planean en un extraño lenguaje
y sobre los campos apenas son blandos gusanos
tal vez circunvoluciones de algún preclaro cerebro.
El misterio del águila huída de su heráldica estirpe.
Piedras que no son blasones
ni siquiera refugio de los lagartos dormidos.
Piedras de mi origen o canciones del silencio.
Nací en un mundo de piedras
que un día, como yo, sólo serán arenas
y tejeremos entonces al unísono
los más hermosos desiertos.
En esa paciente espera
admiro los altos chopos
y su metamorfosis en lanzas.
Como suspiros alados de doncellas desvirgadas
los chopos elevan su imposible plegaria
de cirio pascual o dedo acusador y vegetal
de los dioses de la ciudad lejana.
admiro los altos chopos
y su metamorfosis en lanzas.
Como suspiros alados de doncellas desvirgadas
los chopos elevan su imposible plegaria
de cirio pascual o dedo acusador y vegetal
de los dioses de la ciudad lejana.
Ciudad ruina en la ruina
escombro de los escombros que un día fueron hielo.
En la planicie exigua donde el mar dibuja ritmos
se alzaron alguna vez suntuosos edificios.
Embellecidos movimientos de caderas sinuosas
felinas invitaciones al preludio del amor
tenantes madreselvas de ecuaciones imposibles.
Las mulatas eran carne y yacían junto a nosotros.
Ciudades de la medianoche
que esperan sus madrugadas
trazos oblicuos que buscan temblorosos
los nortes en viejos mapas.
La ciudad y su desierto
Las arenas que seré junto a rocas iluminadas.
Alejate, espejo mío, quiero recuperar mis distancias
como alarmas carmesíes,
como escalenos triángulos
como desiertos en agraz
como piedras para blasones inciertos
como la curva indefinible del interior de tus muslos.
como alarmas carmesíes,
como escalenos triángulos
como desiertos en agraz
como piedras para blasones inciertos
como la curva indefinible del interior de tus muslos.
Ilust.: Joel Rea. “Fuerzas”.
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