G
Gustavo Cervantes
Invitado
Se detuvo el auto junto a mí y con una sonrisa, preguntó
si tenía problemas. Creo que me desmayaré le dije, vengo corriendo por
media hora y agradecí...No la conocía, o no la recordaba,
volvió a sonreir y me ofreció una botella de agua. Me llamo Alejandra musitó
con una voz traquila, pausada...soy nueva en el area y aceleró despacio.
Yo no dije nada, solo levanté la mano y me levanté del pasto donde estaba sentado.
En esa avenida he caminado y corrido muchas veces y he visto muchas caras
y muchos autos, he visto muchas sonrisas amables y he tenido que soportar
los agravios de los conductores groseros, apurados. Nunca me habían impresionado tanto
como la hermosa sonrisa de Alejandra. Quizás volviera a encontrarla...quería volver a encontrarla.
Tomé de la botella y me pareció probar en el agua el sabor de su boca y repetí sin pensarlo,
"Alejandra". Respiré hondo y un suspiro escapó de mi garganta; definitivamente, debo buscarla.
Los hombres somos nobles, pero obstinados y cuando algo nos atrae nos lanzamos ciegos
a conquistarlo... o a ser conquistados. Ella era la maestra de la escuela, muy bonita y muy seria,
yo era solo el albañil del barrio, el trabajador de todos, limpio y honrado; aveces a pie,
aveces en una camioneta y muchas veces en la bicicleta.
Me lo propuse buscarla y como una casualidad econtrarla bajando de su auto frente a su casa,
no sabía que le diría, pero estaba seguro que ella me diría algo y así fue...volvió a sonreir.
y en ese momento sentí que flotaba, me sentí el mas afortunado por haberla encontrado
y poder decirle que me gustaba...le dije cosas que nunca había escuchado de mis labios
le alhagué el brillo de sus ojos y el color de su pelo largo...le dije que su voz
era un dulce canto y que como una sirena en medio del oceano su risa me había hechizado
y ella se puso rosa, sus mejillas se ruborizaron y me dejó que mi mano tocara su mano.
Yo estaba embelezado, perdido en el café oscuro de sus pupilas, soñando, emocionado
con mis propias palabras, atropellando mi razón, deshilando un sentimiento...y ella no se movía,
no decía mucho...solamente sonreía...y su mano se sentía tibia y su mano tocaba la mía.
solo fueron unos minutos, que a mí se me hicieron horas. la invite a dar un paseo por
el barrio, le prometí cuidarla y ella me dijo que le encantaría,me pidió que la esperara
entraría a cambiarse de ropa y otra vez sentí que flotaba...y otra vez repetí su nombre,
"Alejandra"...
si tenía problemas. Creo que me desmayaré le dije, vengo corriendo por
media hora y agradecí...No la conocía, o no la recordaba,
volvió a sonreir y me ofreció una botella de agua. Me llamo Alejandra musitó
con una voz traquila, pausada...soy nueva en el area y aceleró despacio.
Yo no dije nada, solo levanté la mano y me levanté del pasto donde estaba sentado.
En esa avenida he caminado y corrido muchas veces y he visto muchas caras
y muchos autos, he visto muchas sonrisas amables y he tenido que soportar
los agravios de los conductores groseros, apurados. Nunca me habían impresionado tanto
como la hermosa sonrisa de Alejandra. Quizás volviera a encontrarla...quería volver a encontrarla.
Tomé de la botella y me pareció probar en el agua el sabor de su boca y repetí sin pensarlo,
"Alejandra". Respiré hondo y un suspiro escapó de mi garganta; definitivamente, debo buscarla.
Los hombres somos nobles, pero obstinados y cuando algo nos atrae nos lanzamos ciegos
a conquistarlo... o a ser conquistados. Ella era la maestra de la escuela, muy bonita y muy seria,
yo era solo el albañil del barrio, el trabajador de todos, limpio y honrado; aveces a pie,
aveces en una camioneta y muchas veces en la bicicleta.
Me lo propuse buscarla y como una casualidad econtrarla bajando de su auto frente a su casa,
no sabía que le diría, pero estaba seguro que ella me diría algo y así fue...volvió a sonreir.
y en ese momento sentí que flotaba, me sentí el mas afortunado por haberla encontrado
y poder decirle que me gustaba...le dije cosas que nunca había escuchado de mis labios
le alhagué el brillo de sus ojos y el color de su pelo largo...le dije que su voz
era un dulce canto y que como una sirena en medio del oceano su risa me había hechizado
y ella se puso rosa, sus mejillas se ruborizaron y me dejó que mi mano tocara su mano.
Yo estaba embelezado, perdido en el café oscuro de sus pupilas, soñando, emocionado
con mis propias palabras, atropellando mi razón, deshilando un sentimiento...y ella no se movía,
no decía mucho...solamente sonreía...y su mano se sentía tibia y su mano tocaba la mía.
solo fueron unos minutos, que a mí se me hicieron horas. la invite a dar un paseo por
el barrio, le prometí cuidarla y ella me dijo que le encantaría,me pidió que la esperara
entraría a cambiarse de ropa y otra vez sentí que flotaba...y otra vez repetí su nombre,
"Alejandra"...