Como entrega la flor su oscura esencia
en los yertos, callados corredores.
Así se entrega el alma a los amores,
sin reserva, sin paz, y sin conciencia.
Venido que es el tiempo de la ausencia
la alondra canta, no los ruiseñores;
es pura luz el tiempo en los balcones,
enemigo es el sol de la imprudencia.
Saciado el corazón de sus ardores,
del sueño, el vino, la gentil querencia,
queda solo al cantor pulir los sones.
Al arpa cede el cuerpo su impaciencia;
así pueblan el aire las canciones,
sin voz que justifique su presencia.
en los yertos, callados corredores.
Así se entrega el alma a los amores,
sin reserva, sin paz, y sin conciencia.
Venido que es el tiempo de la ausencia
la alondra canta, no los ruiseñores;
es pura luz el tiempo en los balcones,
enemigo es el sol de la imprudencia.
Saciado el corazón de sus ardores,
del sueño, el vino, la gentil querencia,
queda solo al cantor pulir los sones.
Al arpa cede el cuerpo su impaciencia;
así pueblan el aire las canciones,
sin voz que justifique su presencia.