BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo y mis manos
justa alianza sanguínea.
En mi entraña, crece
el sonido de la cascada:
ermitaña, solitaria, decaída.
Y esa invasión profética
de la azucena,
que cada día me asombra.
Yo busco el origen del ciervo,
la aterrada motivación del suicida,
el arpegio de latitudes uniformes
que golpee mis cavernas sometidas.
Mis muslos, un hacha controvertida:
respirando cerca de la acequia contaminada,
diaria, progresivamente, atienden las luminarias
del mediodía.
Busco el azúcar exigente, la negación
del párpado, y la austera vocación del indio.
Rojo, callado, a oscuras-.
©
justa alianza sanguínea.
En mi entraña, crece
el sonido de la cascada:
ermitaña, solitaria, decaída.
Y esa invasión profética
de la azucena,
que cada día me asombra.
Yo busco el origen del ciervo,
la aterrada motivación del suicida,
el arpegio de latitudes uniformes
que golpee mis cavernas sometidas.
Mis muslos, un hacha controvertida:
respirando cerca de la acequia contaminada,
diaria, progresivamente, atienden las luminarias
del mediodía.
Busco el azúcar exigente, la negación
del párpado, y la austera vocación del indio.
Rojo, callado, a oscuras-.
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