Tomasa
Poeta recién llegado
Sin ganas de surcar el cielo andaba
un pobre loro que, en su jaula preso,
con voz sonora y con sorbido seso,
de su amo los discursos recitaba.
A base de agua y pan el ave estaba
perdiendo, a fin de cuentas, pluma y peso,
pero a su dueño le compró el progreso,
a cambio del mendrugo que le daba.
Tanto se fue quedando el loro triste,
que decidió ofrecerle su amo un trato,
mezclando el pan aguado con alpiste;
y el pájaro, entre ruidos de sus tripas,
repite sin cesar el mismo dato,
aunque nunca le llegue para pipas.
un pobre loro que, en su jaula preso,
con voz sonora y con sorbido seso,
de su amo los discursos recitaba.
A base de agua y pan el ave estaba
perdiendo, a fin de cuentas, pluma y peso,
pero a su dueño le compró el progreso,
a cambio del mendrugo que le daba.
Tanto se fue quedando el loro triste,
que decidió ofrecerle su amo un trato,
mezclando el pan aguado con alpiste;
y el pájaro, entre ruidos de sus tripas,
repite sin cesar el mismo dato,
aunque nunca le llegue para pipas.