En el origen eras la insistente semilla,
desnuda semilla de olor bañada
sin promesas ni amor en fuga,
amor que pudiera ser eterno aun con dolor y miradas secas,
un infinito corazón de flores roto,
ternura labrada desde la espiga en la piedra fría
haciéndose susurro de miel en llama.
Contigo la harina encumbró de alimentos y esperanzas
mis dedos blancos y mis labios negros;
generosa alzaste un granero de lechos y ventanas sordas.
Oh, todo ese amor que se reparte en finos hilos atados.
Oh tú, mujer hecha de pan y racimos;
como el panadero antiguo quiero alzarte a la vida
con mis manos de sueños y chispas.
Y el tierno fuego con su leve daño
ha de dorarte en vital aliento desde la noche llena
hasta el dolor mío.