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Aunque tú no me creas
por crestas de olas voy navegando
susurrando a las nubes, rogando a los dioses
que vuelvas a mi lado.
Aunque la flor se marchite
seguiré regando, el jardín de mis sueños
los caminos de robles, las encinas y valles
que encuentro en tus versos amables.
Aunque ya no te vea, ni me acompañes,
aún perduran los márgenes del placer,
el manantial de tus labios, la dulzura de fresa
cuando tu voz oigo susurrando poemas
mi alma alborota y la sangre me altera.
Aunque se apaguen las lámparas
y el rocío de los bosques se evapore
correré tras tu sombra, volaré tras tu espalda
recorriendo tu vientre en mañanas de fiesta.
Cuando tus ojos de lirio derramen su escarcha
me doblegaré ante ti, orquídea
oyendo tus latidos y tus temblores
sobre mi almohada
Aunque la penumbra del cuarto
el ruido de muelles, tus suspiros profundos
sean amaneceres donde penetre el cielo
acompañando nuestros delirios en oquedades celestes
te seguiré queriendo.
Aunque se evapore el placer inocente de nuestros abrazos
y los bordes del centro ya no manen, se conviertan en desiertos
siempre florecerá esa cándida rosa que llevo en mi pecho
y ahuyentará los lobos que te muerden los senos
aunque tú no lo creas.
Aunque tú no me creas
por crestas de olas voy navegando
susurrando a las nubes, rogando a los dioses
que vuelvas a mi lado.
Aunque la flor se marchite
seguiré regando, el jardín de mis sueños
los caminos de robles, las encinas y valles
que encuentro en tus versos amables.
Aunque ya no te vea, ni me acompañes,
aún perduran los márgenes del placer,
el manantial de tus labios, la dulzura de fresa
cuando tu voz oigo susurrando poemas
mi alma alborota y la sangre me altera.
Aunque se apaguen las lámparas
y el rocío de los bosques se evapore
correré tras tu sombra, volaré tras tu espalda
recorriendo tu vientre en mañanas de fiesta.
Cuando tus ojos de lirio derramen su escarcha
me doblegaré ante ti, orquídea
oyendo tus latidos y tus temblores
sobre mi almohada
Aunque la penumbra del cuarto
el ruido de muelles, tus suspiros profundos
sean amaneceres donde penetre el cielo
acompañando nuestros delirios en oquedades celestes
te seguiré queriendo.
Aunque se evapore el placer inocente de nuestros abrazos
y los bordes del centro ya no manen, se conviertan en desiertos
siempre florecerá esa cándida rosa que llevo en mi pecho
y ahuyentará los lobos que te muerden los senos
aunque tú no lo creas.
Aunque tú no me creas
por crestas de olas voy navegando
susurrando a las nubes, rogando a los dioses
que vuelvas a mi lado.
Aunque la flor se marchite
seguiré regando, el jardín de mis sueños
los caminos de robles, las encinas y valles
que encuentro en tus versos amables.
Aunque ya no te vea, ni me acompañes,
aún perduran los márgenes del placer,
el manantial de tus labios, la dulzura de fresa
cuando tu voz oigo susurrando poemas
mi alma alborota y la sangre me altera.
Aunque se apaguen las lámparas
y el rocío de los bosques se evapore
correré tras tu sombra, volaré tras tu espalda
recorriendo tu vientre en mañanas de fiesta.
Cuando tus ojos de lirio derramen su escarcha
me doblegaré ante ti, orquídea
oyendo tus latidos y tus temblores
sobre mi almohada
Aunque la penumbra del cuarto
el ruido de muelles, tus suspiros profundos
sean amaneceres donde penetre el cielo
acompañando nuestros delirios en oquedades celestes
te seguiré queriendo.
Aunque se evapore el placer inocente de nuestros abrazos
y los bordes del centro ya no manen, se conviertan en desiertos
siempre florecerá esa cándida rosa que llevo en mi pecho
y ahuyentará los lobos que te muerden los senos
aunque tú no lo creas.
Aunque tú no me creas
por crestas de olas voy navegando
susurrando a las nubes, rogando a los dioses
que vuelvas a mi lado.
Aunque la flor se marchite
seguiré regando, el jardín de mis sueños
los caminos de robles, las encinas y valles
que encuentro en tus versos amables.
Aunque ya no te vea, ni me acompañes,
aún perduran los márgenes del placer,
el manantial de tus labios, la dulzura de fresa
cuando tu voz oigo susurrando poemas
mi alma alborota y la sangre me altera.
Aunque se apaguen las lámparas
y el rocío de los bosques se evapore
correré tras tu sombra, volaré tras tu espalda
recorriendo tu vientre en mañanas de fiesta.
Cuando tus ojos de lirio derramen su escarcha
me doblegaré ante ti, orquídea
oyendo tus latidos y tus temblores
sobre mi almohada
Aunque la penumbra del cuarto
el ruido de muelles, tus suspiros profundos
sean amaneceres donde penetre el cielo
acompañando nuestros delirios en oquedades celestes
te seguiré queriendo.
Aunque se evapore el placer inocente de nuestros abrazos
y los bordes del centro ya no manen, se conviertan en desiertos
siempre florecerá esa cándida rosa que llevo en mi pecho
y ahuyentará los lobos que te muerden los senos
aunque tú no lo creas.