José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amada mía, entraste en mis venas
como un veneno radiante
explosionando de amor mis aurículas
recorriendo mi sentir más profundo
navegando por el mar de mis arterias
te hiciste eterna.
Ya no eres tiempo efímero
ni valle sediento de cascadas
tus flores reverdecen en el paraíso de la belleza
en el alma del sauce, aquel que nos mira
nutriendo de luz tu aura
cuando inicio contigo un idilio de estallidos de flores.
Eres presencia, deambulando por las calles de mi amor
levitas, todo desemboca en ti,
en tu desnudez de paloma, y todo se vuelven miradas
esas miradas envidiosas de tu ancestral hermosura
esas otras que desean nutrirse de tu vuelo
como los hombres desean volar imitando a las aves.
Por las avenidas de la pasión, eres mi diosa
los cristales lloran de felicidad, radiantes
al verte ondear la llama del fuego
en corazones desenraizados eres el anverso del llanto
difuminas las hojas amarillentas
inmunizando la desidia del rechazo.
Tú, enarbolando la bandera de las caricias
caminas por mi mundo, sanando mi ceguera;
mis penas, son olas viajando en bajeles de esperanza
haciéndome contemplar un mundo pleno de efusión
en la encrucijada de mi amor
Mis nieblas son auroras boreales
mis angustias vestidos floreados de soles
mis miedos son los rayos rompiéndose en la tormenta
de mis tesoros, de mis queridos anhelos.
¡Oh amada mía, usurpando están tu identidad
quieren robarte tu palpitar,
tu serenidad de manto estrellado,
tu fuerza arrolladora desgastando las rocas
con tu furia, con tu melena de gotas.