Pablo Enrique Arosti
Poeta recién llegado
Aún era de madrugada y Lucio se fumaba un cigarrillo recostado al espaldar de la cama. Todavía no podía explicarse cómo había llegado allí, y más aún, la cínica ironía del amor, oculto durante tantos años tras el rostro dientudo y pálido de su secretaria, que ahora dormía desnuda y satisfecha del otro lado de la cama.
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