Así te fui teniendo:
entre la esperanza y el sueño,
entre las tinieblas y el alba,
entre la legalidad de nuestro
Amor y la clandestinidad
de nuestra lucha,
en el desesperado grito
por la vida,
en la huida trémula de la
agonía,
en un repentino salto
a las constelaciones,
a tus sentimientos
inmaculados.
Llegué a ti para quedar
libre
del fuego oscuro,
para extender mis manos
a tu sonrisa,
para aproximar mi débil luz
a tu solitaria mirada,
para extinguir nuestras
lágrimas incomprendidas.
Y me he quedado en ti
amada mía
como la raíz de metal
en tus latidos,
como un designio misterioso,
como una llamarada solitaria
en tus ojos.
Y así fuimos recorriendo
el cielo,
persiguiendo las olas con la
mirada,
derrotando los corvos fascistas,
las clandestinas citas,
la separación obligada,
derrotando las ráfagas
que corren desbocadas
desde el norte,
las salvajes y frías noches,
la sed infinita de nuestras
almas.
Versos clandestinos.