Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Era un foro vetusto ya muy menguado.
Como caballo que daba sus últimos relinchos.
Tenía tres vigorosos poetas activos.
El mayor, como maestro, artífice experimentado,
guiaba al pequeño rebaño
mostrándoles el arte con su hacer
que era prodigioso.
Cuando la única poeta lloraba su vacío de amor,
él inició un sublime canto.
La hizo imaginar un amor
que como dulce música de guitarra
ondulaba su cuerpo y le hacía sentir
erizada y turgente su piel
y tocaba su vientre
del que manaba leche fecunda.
Cuando estaba próximo el éxtasis,
cortó su canto y habló de trivialidades.
Ella quedó herida de amor.
Para consolarse, producía artificiosos sonetos,
intensos, eróticos y suplicantes.
Quería provocar el deseo del maestro
quien ocupado en asuntos muy importantes
no parecía advertirla.
En ocasiones el rayo de
su mirada la encontraba
y ella sentía encenderse su esperanza.
El foro se cerró y
quedó sola, sin foro, sin maestro
y enamorada.
Como caballo que daba sus últimos relinchos.
Tenía tres vigorosos poetas activos.
El mayor, como maestro, artífice experimentado,
guiaba al pequeño rebaño
mostrándoles el arte con su hacer
que era prodigioso.
Cuando la única poeta lloraba su vacío de amor,
él inició un sublime canto.
La hizo imaginar un amor
que como dulce música de guitarra
ondulaba su cuerpo y le hacía sentir
erizada y turgente su piel
y tocaba su vientre
del que manaba leche fecunda.
Cuando estaba próximo el éxtasis,
cortó su canto y habló de trivialidades.
Ella quedó herida de amor.
Para consolarse, producía artificiosos sonetos,
intensos, eróticos y suplicantes.
Quería provocar el deseo del maestro
quien ocupado en asuntos muy importantes
no parecía advertirla.
En ocasiones el rayo de
su mirada la encontraba
y ella sentía encenderse su esperanza.
El foro se cerró y
quedó sola, sin foro, sin maestro
y enamorada.