Vicente Moreno
Poeta fiel al portal
Asesina.
Hoy y cuando por fin se ha marchado todo el mundo.
Hoy, cuando por fin mi mano suelta la herida, vienen
a rodar a las hojas,
las inconfesables veces en que me di al mundo amándote.
¡Trilladora de versos!,
¡sonata oscura!,
¡voz morena!...
niña que tripulas mis pensamientos por toda esta noche encantada.
El lápiz parpadea recordando , recordando,
el dolor se me sube a los hombros y dirige estos pasos, (secretamente solos).
¡Eras, mi amiga,
un tesoro divino en donde yo
amainaba para tus ojos profundos!.
¡La noche se riega de sangre!
¿Recuerdas la primera vez en que descorchamos nuestras ropas?,
nuestros cuerpos se hacían tan familiares,
sabían cuándo y dónde,
para quién y cuánto tiempo.
Labios emancipados por sobre tu cuello iluminado;
enardecías entonces de besos,
niña asustada.
Mujer ardiente y valerosa.
En ese entonces, niña,
yo era tuyo como la mano al final de tu brazo;
nuestros cuerpos se proporcionaban el uno al otro,
fundiéndose desesperados,
comiéndose con los ojos y sintiéndose enamorados.
¡Inspección en la hora de estas luces! ,
¡Ráfaga de metrallas de besos!...
¡pero si yo te leía como a un libro!,
gozaba entonces la idea de llevarte conmigo,
pero, página a página,
se fueron enrollando las puntas en esas hojas,
hasta no quedar espacio para mis dedos.
En esa hora te amé, como te sigo amando,
ahora mi alma fulgurece y aunque lejana,
¡eres mía para siempre!.
Adoro en ti, mi niña, lo que mas ocultas.
Me gustaría robar tu pecho,
despedirme hoy, de tu espalda oscura y morena...
Esta noche saltas, como una pantera asesina,
a mi cuello.
Vicente Moreno
Humanidad Dolorosa
Hoy y cuando por fin se ha marchado todo el mundo.
Hoy, cuando por fin mi mano suelta la herida, vienen
a rodar a las hojas,
las inconfesables veces en que me di al mundo amándote.
¡Trilladora de versos!,
¡sonata oscura!,
¡voz morena!...
niña que tripulas mis pensamientos por toda esta noche encantada.
El lápiz parpadea recordando , recordando,
el dolor se me sube a los hombros y dirige estos pasos, (secretamente solos).
¡Eras, mi amiga,
un tesoro divino en donde yo
amainaba para tus ojos profundos!.
¡La noche se riega de sangre!
¿Recuerdas la primera vez en que descorchamos nuestras ropas?,
nuestros cuerpos se hacían tan familiares,
sabían cuándo y dónde,
para quién y cuánto tiempo.
Labios emancipados por sobre tu cuello iluminado;
enardecías entonces de besos,
niña asustada.
Mujer ardiente y valerosa.
En ese entonces, niña,
yo era tuyo como la mano al final de tu brazo;
nuestros cuerpos se proporcionaban el uno al otro,
fundiéndose desesperados,
comiéndose con los ojos y sintiéndose enamorados.
¡Inspección en la hora de estas luces! ,
¡Ráfaga de metrallas de besos!...
¡pero si yo te leía como a un libro!,
gozaba entonces la idea de llevarte conmigo,
pero, página a página,
se fueron enrollando las puntas en esas hojas,
hasta no quedar espacio para mis dedos.
En esa hora te amé, como te sigo amando,
ahora mi alma fulgurece y aunque lejana,
¡eres mía para siempre!.
Adoro en ti, mi niña, lo que mas ocultas.
Me gustaría robar tu pecho,
despedirme hoy, de tu espalda oscura y morena...
Esta noche saltas, como una pantera asesina,
a mi cuello.
Vicente Moreno
Humanidad Dolorosa
