Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Ancha de amor y fastidio
palpita en mi pulso helado
la ardiente Gillette de Séneca,
famoso filósofo filoso fallecido
por arteras arterias abiertas
que lo vertieron y lo vaciaron.
Mis corazones expulsan su herida
y trato de escuchar a las sirenas,
asexuadas sirenas suicidas
que desnudas nadan en mi bañera
y me lavan la mancha de la vida
con el vinagre de sus lenguas
y el esparadrapo de sus caricias.
Un sol solo de cien vatios
vate las alas en las moscas
que la deriva del cielo raso
planean el festín de los gusanos
y el luto de las mariposas.
Pero me escondo y me escapo
para buscar en mi bajo vientre
el rastro de las sirenas.
Mi pubis mal depilado
es un cagadero de peces;
mi escroto desgajado
es un aquelarre de anémonas.
Mi miembro naufragado
es un buzo decadente,
atrapado en su escafandra,
que escucha a las ambulancias
sin que las sirenas se presenten…
Flor de falso loto, me muero.
Ítaca raquítica, me muero.
Frígida Penélope, me muero.
Huérfano Telémaco, me muero.
Muero sin confesión,
sin su rostro vuelto a Ilión,
sin el equino fetiche de madrugada,
sin Héctor contra el mirmidón,
sin Aquiles contra su talón,
sin las chichis de Circe para la banda,
sin mi banda de puercos,
sin el ojete de Polifemo,
sin la Ilíada, la Odisea y la Fernanda,
sin mis putas inflables,
sin tener a la mano mi mano
y sin ganas de masturbarme.
Ancho de amor y miedo
palpita en mi pulso helado
el negro puñal de Teseo
que se pierde en el minotauro.
Venas veniales se van y se vienen
en el monumento asesinado
que abre los ojos a media muerte
y se levanta en el cadáver equivocado,
con escamas de Ariel en la frente
y erección digna de Alejandro Magno.
palpita en mi pulso helado
la ardiente Gillette de Séneca,
famoso filósofo filoso fallecido
por arteras arterias abiertas
que lo vertieron y lo vaciaron.
Mis corazones expulsan su herida
y trato de escuchar a las sirenas,
asexuadas sirenas suicidas
que desnudas nadan en mi bañera
y me lavan la mancha de la vida
con el vinagre de sus lenguas
y el esparadrapo de sus caricias.
Un sol solo de cien vatios
vate las alas en las moscas
que la deriva del cielo raso
planean el festín de los gusanos
y el luto de las mariposas.
Pero me escondo y me escapo
para buscar en mi bajo vientre
el rastro de las sirenas.
Mi pubis mal depilado
es un cagadero de peces;
mi escroto desgajado
es un aquelarre de anémonas.
Mi miembro naufragado
es un buzo decadente,
atrapado en su escafandra,
que escucha a las ambulancias
sin que las sirenas se presenten…
Flor de falso loto, me muero.
Ítaca raquítica, me muero.
Frígida Penélope, me muero.
Huérfano Telémaco, me muero.
Muero sin confesión,
sin su rostro vuelto a Ilión,
sin el equino fetiche de madrugada,
sin Héctor contra el mirmidón,
sin Aquiles contra su talón,
sin las chichis de Circe para la banda,
sin mi banda de puercos,
sin el ojete de Polifemo,
sin la Ilíada, la Odisea y la Fernanda,
sin mis putas inflables,
sin tener a la mano mi mano
y sin ganas de masturbarme.
Ancho de amor y miedo
palpita en mi pulso helado
el negro puñal de Teseo
que se pierde en el minotauro.
Venas veniales se van y se vienen
en el monumento asesinado
que abre los ojos a media muerte
y se levanta en el cadáver equivocado,
con escamas de Ariel en la frente
y erección digna de Alejandro Magno.
08 de octubre de 2009