Sólo si acontezco.
Si acontecemos.
Sólo así
es la tarea,
es la marea
la que convoca,
a nuestras bocas
a relucir,
a describir,
a redimir.
Sólo si nos aprehendemos
del aire
en nuestras bocas…
Al final
terminamos comenzando,
otra vez,
desde siempre.
¿Cómo explicarlo?
Ya no duele la muerte
como antes.
Ya no regreso a ella
como a una absurda
comunión de vanidades,
para hacerme triste
de una vez,
y hacerme solo
y sin poder
resucitarme.
Ya no duele,
Camina,
a mi costado.
Y me muero mil veces
para vivirlo todo,
para ser con el viento
algo más
que una cara ridícula,
una foto,
y un número,
y un precio.
Algo más
por lo menos,
aunque sea,
nada más,
para sentirla
amada mía,
para sentirla,
en los pies
y en el alma,
en las manos,
éstas,
adictas y sedientas,
en los poros,
donde el amor rebasa
nuestra temeridad,
empapando los besos,
los ojos,
las miradas,
y llegar a decirle
sin pronunciar palabra:
Compañera.
Yo quiero acompañarla.
Caminar,
así,
con usted.
Caminar.
Trascender.
Si acontecemos.
Sólo así
es la tarea,
es la marea
la que convoca,
a nuestras bocas
a relucir,
a describir,
a redimir.
Sólo si nos aprehendemos
del aire
en nuestras bocas…
Al final
terminamos comenzando,
otra vez,
desde siempre.
¿Cómo explicarlo?
Ya no duele la muerte
como antes.
Ya no regreso a ella
como a una absurda
comunión de vanidades,
para hacerme triste
de una vez,
y hacerme solo
y sin poder
resucitarme.
Ya no duele,
Camina,
a mi costado.
Y me muero mil veces
para vivirlo todo,
para ser con el viento
algo más
que una cara ridícula,
una foto,
y un número,
y un precio.
Algo más
por lo menos,
aunque sea,
nada más,
para sentirla
amada mía,
para sentirla,
en los pies
y en el alma,
en las manos,
éstas,
adictas y sedientas,
en los poros,
donde el amor rebasa
nuestra temeridad,
empapando los besos,
los ojos,
las miradas,
y llegar a decirle
sin pronunciar palabra:
Compañera.
Yo quiero acompañarla.
Caminar,
así,
con usted.
Caminar.
Trascender.
Última edición: