tomasecardozo
Poeta recién llegado
Así era mi ciudad
Mi ciudad amada…
Con el esplendor
reluciente del alba, con el ruido ensordecedor de
trenes, autos, humo que ascendía.
Peones y ejecutivos en sus labores y afán…
el mercado, la escuela,
una calle que se pierde.
La furia dilatada en agonía,
el bullicio de los pregones
ojos de desmesurada mirada
buscando en los rincones
la esperanza de un sueño
la posibilidad de una existencia mejor…
Se perdía el saludo del señor de levita, pumpá y bastón
y la dama ataviada de seda y encajes
abanicaba su delicado rostro
con la cómplice mirada del mozo ruletero,
o del bohemio que la sigue con su trasnochada mirada.
Sentados a la mesa, los paisanos
saboreaban té y café
leyendo las últimas noticias,
las crónicas de un pueblo sin fe.
El tiempo exprime las horas…
Doce campanadas anunciaban el fin de la mañana,
las risas y el jolgorio se hacían sentir.
Buenas tardes su merced… claveles y gladiolas,
¿Me compra usted?...
Se oye el eco de otro pregón
frutas; deliciosas a buen precio.
Las voces se confunden en amplia competencia…
Una sirena se deja oír, y las voces menos audibles
son desplazadas por ruidos de motores…
Va cayendo la tarde,
mi ciudad se va vistiendo de otros colores
rojos, verdes, azules, amarillos,
en luces incandescentes, una música sensual
traspasa las paredes de los hospicios
y otras son las voces de hermosas mujeres
que venden su andar...
Desgarrando los bolsillos de quienes
pretenden su tiempo comprar.
Libando el néctar estupefaciente
de un amor comprado…
Al final la noche cierra los balcones
de agotados ciudadanos y pueblerinos,
para dormir entre redes…
Entre sábanas de seda
el traje de noche… de mi gran ciudad.
Tomás Escala Cardozo
Mi ciudad amada…
Con el esplendor
reluciente del alba, con el ruido ensordecedor de
trenes, autos, humo que ascendía.
Peones y ejecutivos en sus labores y afán…
el mercado, la escuela,
una calle que se pierde.
La furia dilatada en agonía,
el bullicio de los pregones
ojos de desmesurada mirada
buscando en los rincones
la esperanza de un sueño
la posibilidad de una existencia mejor…
Se perdía el saludo del señor de levita, pumpá y bastón
y la dama ataviada de seda y encajes
abanicaba su delicado rostro
con la cómplice mirada del mozo ruletero,
o del bohemio que la sigue con su trasnochada mirada.
Sentados a la mesa, los paisanos
saboreaban té y café
leyendo las últimas noticias,
las crónicas de un pueblo sin fe.
El tiempo exprime las horas…
Doce campanadas anunciaban el fin de la mañana,
las risas y el jolgorio se hacían sentir.
Buenas tardes su merced… claveles y gladiolas,
¿Me compra usted?...
Se oye el eco de otro pregón
frutas; deliciosas a buen precio.
Las voces se confunden en amplia competencia…
Una sirena se deja oír, y las voces menos audibles
son desplazadas por ruidos de motores…
Va cayendo la tarde,
mi ciudad se va vistiendo de otros colores
rojos, verdes, azules, amarillos,
en luces incandescentes, una música sensual
traspasa las paredes de los hospicios
y otras son las voces de hermosas mujeres
que venden su andar...
Desgarrando los bolsillos de quienes
pretenden su tiempo comprar.
Libando el néctar estupefaciente
de un amor comprado…
Al final la noche cierra los balcones
de agotados ciudadanos y pueblerinos,
para dormir entre redes…
Entre sábanas de seda
el traje de noche… de mi gran ciudad.
Tomás Escala Cardozo
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