El prójimo sale al público
y nos declara que es feliz con su voluntad,
que tiene un automóvil y una pareja estable.
Nos confiesa sus taches en la libreta,
y el cuidado que ha tenido
con sus demonios.
Pero nosotros le advertimos:
“¡es imposible, es imposible!,
¡quemen al brujo, quemen a la bruja,
que predica su religión al aire libre
y osa someterse
a algo que no es mío!”.
Y es saludable tomarlo cual libertinaje,
cual mota ilustrativa y no didáctica.
Pero cuando el objetivo va más allá,
tratando de reclutar a nuestro selectivo
club imaginario
nuevos seres trotamundos…
puede tornarse peligroso
confundirnos con bacterias.
Así lo hacemos,
trazando en el polvo
nuestros roles
para no quedarnos
en ceros.
y nos declara que es feliz con su voluntad,
que tiene un automóvil y una pareja estable.
Nos confiesa sus taches en la libreta,
y el cuidado que ha tenido
con sus demonios.
Pero nosotros le advertimos:
“¡es imposible, es imposible!,
¡quemen al brujo, quemen a la bruja,
que predica su religión al aire libre
y osa someterse
a algo que no es mío!”.
Y es saludable tomarlo cual libertinaje,
cual mota ilustrativa y no didáctica.
Pero cuando el objetivo va más allá,
tratando de reclutar a nuestro selectivo
club imaginario
nuevos seres trotamundos…
puede tornarse peligroso
confundirnos con bacterias.
Así lo hacemos,
trazando en el polvo
nuestros roles
para no quedarnos
en ceros.