Foto de mi autoría
Siento al atardecer la dulce calma
de un manso mar de plácida llanura,
y el suave cabalgar de su oleaje.
Un rojizo arrebol luce el celaje
que le suma al crepúsculo hermosura.
Las sombras se perfilan, tienen alma.
Es el atardecer ese momento
de un lúcido placer de paso lento
en el que soy consciente
de una mortalidad inevitable.
¡Oh, corazón valiente,
aún puedes alcanzar lo inalcanzable!
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