Drümz
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Atardecer
(Advierto que si observaras
el color del horizonte
desde lo alto de tu cuerpo montañoso
detenida en el susurro que el viento
tan valiente empuja por tus orillas,
respirarías tan profundo como yo,
los caminos tostados,
su mensaje soleado;
el calambre entusiástico de los poros
se manifiestan a cada pasar
de mi respirar en tu paisaje:
ese cuerpo mestizo de día a noche cambia.
Moriría mirándote sin importarme nada
mientras la herida de la tarde
se duerma en tu pecho).
Mis manos escarbando en la arena,
buscando las tersas manos tuyas
mientras ellas
haciéndome una pincelada.
La forma nos dibuja un testimonio,
palpo tu cuerpo y confirmo que vivo,
que falta vida para este momento.
Cuando el impulso nos domina
nace el momento que nos mata o nos une.
Me atrevería a decir la verdad.
No hay peor beso que el que condena
a quien le pertenecen otros labios,
pero la noche observa desde su terraza.
Las pecas del cielo lentamente
revelan nuestro zodiaco,
el silencio escucha la imperfección
de nuestras alucinadas palabras.
Rendidos cada vez,
el espejo de nuestros ojos
lustra con su parabrisas.
El atardecer sabe lo que hacen lo amantes:
por eso en el cielo la sangre.
Drümz.
De mi libro ENAMORADO, DESENCANTA Y OLVIDADO.
(TODO INSCRITO EN EL REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL DE CHILE).
(Advierto que si observaras
el color del horizonte
desde lo alto de tu cuerpo montañoso
detenida en el susurro que el viento
tan valiente empuja por tus orillas,
respirarías tan profundo como yo,
los caminos tostados,
su mensaje soleado;
el calambre entusiástico de los poros
se manifiestan a cada pasar
de mi respirar en tu paisaje:
ese cuerpo mestizo de día a noche cambia.
Moriría mirándote sin importarme nada
mientras la herida de la tarde
se duerma en tu pecho).
Mis manos escarbando en la arena,
buscando las tersas manos tuyas
mientras ellas
haciéndome una pincelada.
La forma nos dibuja un testimonio,
palpo tu cuerpo y confirmo que vivo,
que falta vida para este momento.
Cuando el impulso nos domina
nace el momento que nos mata o nos une.
Me atrevería a decir la verdad.
No hay peor beso que el que condena
a quien le pertenecen otros labios,
pero la noche observa desde su terraza.
Las pecas del cielo lentamente
revelan nuestro zodiaco,
el silencio escucha la imperfección
de nuestras alucinadas palabras.
Rendidos cada vez,
el espejo de nuestros ojos
lustra con su parabrisas.
El atardecer sabe lo que hacen lo amantes:
por eso en el cielo la sangre.
Drümz.
De mi libro ENAMORADO, DESENCANTA Y OLVIDADO.
(TODO INSCRITO EN EL REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL DE CHILE).
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