IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Trabajando el cielo, un dios humano, nunca pudo encontrar la dicha, del sentirse satisfecho,
a este dios lo llamaban "el inicio" y "el final", más nunca se supo si antes de él,
el tiempo tuvo un sentido libre, que no se aferrara al capricho de un ente,
trillones de estrellas que se desprenden, de sus manos dotadas de sacralidad,
creadas para satisfacer la hambruna, de una creatividad obsesiva,
observamos el firmamento, y nuestra curiosidad tiende a divinizar las certezas,
sobrevolando la inmensidad negra, de un cúmulo de estrellas separadas,
toca el pulso de este dios, a un insignificante pedazo de roca,
en este orbe se encuentra, un ser que perdió el brillo en sus ojos,
un ser que no se conmueve, ni con la muerte, ni con la vida,
los paisajes y la supuesta belleza de la existencia, le parecen lamentables formas de sumisión,
camina con la culpa atravesada, de no haber podido decidir no existir,
aún desde tiempos inmemoriales, la humanidad cuestionaba siempre las formas de comprender la luz,
reencarnaciones experienciales, la sabiduría nunca muta, pero sí transforma al que la racionaliza,
y aún existe la posibilidad, entre un futuro infinito, de que este ser, sin vigor, sin quererlo,
seas tú.
a este dios lo llamaban "el inicio" y "el final", más nunca se supo si antes de él,
el tiempo tuvo un sentido libre, que no se aferrara al capricho de un ente,
trillones de estrellas que se desprenden, de sus manos dotadas de sacralidad,
creadas para satisfacer la hambruna, de una creatividad obsesiva,
observamos el firmamento, y nuestra curiosidad tiende a divinizar las certezas,
sobrevolando la inmensidad negra, de un cúmulo de estrellas separadas,
toca el pulso de este dios, a un insignificante pedazo de roca,
en este orbe se encuentra, un ser que perdió el brillo en sus ojos,
un ser que no se conmueve, ni con la muerte, ni con la vida,
los paisajes y la supuesta belleza de la existencia, le parecen lamentables formas de sumisión,
camina con la culpa atravesada, de no haber podido decidir no existir,
aún desde tiempos inmemoriales, la humanidad cuestionaba siempre las formas de comprender la luz,
reencarnaciones experienciales, la sabiduría nunca muta, pero sí transforma al que la racionaliza,
y aún existe la posibilidad, entre un futuro infinito, de que este ser, sin vigor, sin quererlo,
seas tú.