Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aunque llegue la noche...
Los espejos ciegos
de sures y nortes
no ven que al este
sale la luz; y tu mirada
encuentro al alba del sol.
Y de tu mirada vereda
de mi verdad,
deseo todo,
porque tiene el don
de iluminarme.
De la serena suavidad
conque razonas,
respeto
la calma que aquieta
mis tormentas,
evita el naufragio
de mi barca,
me libera de mis iras...
aprendo y me sosiego.
De tu huerto solo pido,
un suspiro del aroma
de tu esencia, que conjure
los demonios
que me agreden.
De tus manos
quiero el prodigio
de secretos curadores,
con los que me sanas
y complaces.
Aunque llegue la noche
donde migran las almas,
no me iré sin escuchar
tú cántico de amor
que alienta mi alma,
cansada de escapar
de las sombras
de los hades.
Los espejos ciegos
de sures y nortes
no ven que al este
sale la luz; y tu mirada
encuentro al alba del sol.
Y de tu mirada vereda
de mi verdad,
deseo todo,
porque tiene el don
de iluminarme.
De la serena suavidad
conque razonas,
respeto
la calma que aquieta
mis tormentas,
evita el naufragio
de mi barca,
me libera de mis iras...
aprendo y me sosiego.
De tu huerto solo pido,
un suspiro del aroma
de tu esencia, que conjure
los demonios
que me agreden.
De tus manos
quiero el prodigio
de secretos curadores,
con los que me sanas
y complaces.
Aunque llegue la noche
donde migran las almas,
no me iré sin escuchar
tú cántico de amor
que alienta mi alma,
cansada de escapar
de las sombras
de los hades.
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