Bendita intolerancia.
Claro que habría que tomar en cuenta el contexto.
La intolerancia orgánica (en contexto médico), es una afección que bien puede salvar la vida de una persona al no ser tan severa como la alergia (que puede llegar a ser mortal).
La intolerancia social es más una expresión de temor, que mal manejada puede degenerar en resentimiento.
La intolerancia religiosa, deportiva o afición, en cambio se conjuga con el "amor" (en realidad afecto) por un ente específico (un dios, un equipo deportivo, un personaje público, cantante, etc.). Por lo regular no son peligrosos por cuanto no buscan hacer daño sino solo compartir su afecto con el ente deseado.
Las fijaciones destructivas (fanatismos) no entran en este grupo.
El fanatismo y la intolerancia política son el extremo peligroso que se confunde (a propósito) con la intolerancia... que deja de ser intolerancia para volverse radicalismo.
Antes de definir claramente al radicalismo debemos tener claro como se ha deformado el concepto de fanatismo, que originalmente era relativo a cualquier extremista religioso: islamistas, cristianos, judíos, hinduístas, olímpicos, etc.
Pero en la década de 1950 comienza a darse un giro en dos direcciones: el fan (afectivo) y el fanático (radical).
Lo que señalo ahora no es al "fan", sino al "fanático radical".
El comportamiento radical se demuestra en:
La falta de respeto a ideas ajenas a su grupo.
El rechazo de las ideas, creencias u opiniones de los "demás" (ajenos a su grupo).
El considerarse igual dentro del grupo, mientras se infravalora al resto (que son "diferentes").
El considerarse superior a los ajenos a los que considera como inferiores o inaceptables, resaltando esta "diferencia".
La sensación de persecución o ser objetivo de ataques o conjuras por parte de los "ajenos" (a su grupo).
La reacción exagerada frente a opiniones, acciones y hasta la simple presencia de los "ajenos" (a su grupo).
La idea de acallar, someter y hasta desaparecer a los "demás".
Pero el comportamiento radical conlleva un alejamiento social respecto de los ajenos, lo que le impulsa a tratar de controlarse cayendo en incoherencias (dentro y fuera del grupo).
No se puede ser radical con alguien dentro del grupo, pero se debe ser radical con alguien de fuera del grupo.
Esta incoherencia resulta en un desdoblamiento de valores. Los valores dentro del grupo y los valores fuera del grupo. Se vuelve evidente la existencia obligada de una doble moral, un doble sistema de valores, un doble criterio para juzgar.
Así un evento de alguien fuera del grupo es un delito. Pero dentro del grupo no es delito.
Esto se evidencia en sus posiciones y discursos que señalan a otros, pero no aceptan ser señalados por lo mismo que señalan.
En resumen:
La intolerancia común es entendible y hasta admisible cuando parte de las reacciones propias del cuerpo humano, de sus apegos y temores.
El fanatismo e intolerancia política es la mayor de las infamias para cualquier persona.
Saludos cordiales.
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"El verdadero creyente: Pensamientos sobre la naturaleza de los movimientos de masas" - 1951 - Eric Hoffer.